Miércoles, 28 de Junio de 2017

Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias

Sindicato afiliado a USO

MOVILIZACIONES EN PRISIONES

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Nuestra historia PDF

España | 17 de Noviembre de 2011

No han pasado tantos años (1.989), para lo que es la historia reciente de II.PP. Desde entonces son muchos los compañeros que han ingresado en el cuerpo y muchos también los que lo han dejado.

Para los que se fueron, nuestro recuerdo. Fueron parte de la historia de Prisiones. Y aquello si que fue otra historia… los uniformes verdes, un cuerpo armado, la gorra, los servicios de 24h., los motines del 77, el cambio de la población reclusa y la influencia en la misma del mundo de las drogas, los diferentes cambios en la Legislación Penitenciaria, etc.

Inicios de Acaip en Burgos el 15 de Septiembre de 1989La historia de Acaip es mucho mas reciente y, sin embargo, parece que han pasado muchos años, demasiados para que la memoria a algunos no les alcance y otros simplemente no la tengan porque han ingresado después. Y para que nadie pueda desvirtuar lo que ocurrió e inventarse lo que no fue, Acaip guarda documentos que, como hemos hecho con tantos otros, algo que por lo que se ve solamente hace este Sindicato, los ponemos a disposición de todos los compañeros.

Para los que tienen memoria, si recordáis, eran años en los que las condiciones laborales en los centros eran nefastas, tanto por la falta de plazas y la masificación existente, como por la situación en la que se encontraba la mayor parte de las infraestructuras penitenciarias existentes. Y eso lo pagábamos los trabajadores en el servicio diario, pero aún así aún había algo peor.

El trabajo diario se realizaba con una presión continua sobre nosotros; tanto por parte de los mandos, como de los propios internos. Y en el exterior la organización terrorista. A muchos nos daba la impresión de que los propios gobernares de aquel momento nos veían con malos ojos. ESTÁBAMOS HARTOS y no veíamos que nadie hiciese nada por nosotros. Estos temas eran el pan nuestro de cada día, sobre todo de cada noche, en los Centros de vigilancia.

111.973 pts. cobraba en 1987 un funcionario de Vigilancia en el C.P. de Alicante Cumplimiento.

Pero lo peor de todo, es que, a la pésima situación en la que nos encontrábamos todos los trabajadores en el servicio diario, se vino a sumar el atentado sufrido por el compañero Ángel Mota, asesinado por ETA, y con el que la mayor parte de nosotros se sentía identificado por aquellos días. Y ya venía lloviendo sobre mojado.

Primer paso el 25 de Agosto de 1989Por aquellos años el propio D.G. de II.PP. reconocía en el congreso de los Diputados que la mitad de los presos consumía droga intravenosa, una tercera parte tenía los anticuerpos del SIDA (y por entonces no existían los fármacos que hay hoy en día y el estado físico de los mismos era terrible, así como la cantidad de fallecimientos que existía por esa causa), un 60% había tenido el virus de la Hepatitis B, un 6% padecía sífilis en alguna de sus fases y las infecciones y tuberculosis estaban a la orden del día.

ETA nos había hecho uno de sus objetivos preferentes; en el 83, el 14 de febrero, asesinó al médico del Puerto de Santamaría, Alfredo Jorge Suar Muro. El 8 de mayo de 1.989 un comando ametralló a un compañero que resulta gravemente herido en los accesos a Meco cuando este acudía al servicio. El 13 de mayo dos miembros del comando Donosti asesinan a Ángel Mota Iglesias, trabajaba en Martutene. También vimos como muchos compañeros recibían paquetes bomba, dos en Herrera de la Mancha y Daroca el 13 de marzo del 89. Ambos paquetes habían sido entregados en San Sebastián a una empresa de transportes urgentes escribiendo en el remite “prisión de Martutene”. Un día después estalla otro artefacto introducido en un libro y dirigido al compañero J.L.E. y que es abierto por dos funcionarias, una de las cuales pierde un ojo a consecuencia de la explosión.

El 8 de abril se recibe otro paquete en la vivienda de un compañero de Herrera de la Mancha y cuatro días le mandan una carta bomba al Ministro (Múgica). Ese mismo día otro compañero de Alcalá Meco, concejal del Partido Popular en el Ayto. de Torrejón de Ardoz recogió otro paquete bomba a su nombre en la central de correos de esa localidad. En tres días se reciben libros bomba en los domicilios particulares de varios compañeros, uno a un compañero de Sangonera la Verde (Murcia) y un día después, el viernes 11 de agosto a la una y cuarto de la tarde, muere la madre de otro compañero (Conrada Muñoz, de 53 años) a causa de un libro bomba, ese mismo día otro trabajador de Murcia recibe en su domicilio particular un paquete bomba. El 25 de agosto se intercepta un paquete bomba dirigido a un interno del módulo 3 de Herrera de la Mancha. Estos hechos eran celebrados en las comunas que por entonces tenían estos internos en diferentes centros, la mayor en Herrera de la Mancha. Desde allí se decidía a quienes se les enviaban los paquete bomba (estas circunstancias sería bueno que no las olvidasen los responsables de la D.G. cuando dictan las Instrucciones sobre la recepción de correspondencia).

Se convocó una primera reunión en la Escuela de Estudios Penitenciarios, en la que solamente participaron cinco compañeros, que no se desanimaron por este fracaso en la convocatoria. Era algo normal pues las cartas de la misma se habían enviado a los centros y en muchos no las había recogido nadie. Por eso se volvió a convocar una nueva reunión en la Escuela, el día 6 de octubre de 1.989.

Intentamos organizarnos en los centros, como se hizo en Soria, para acudir a la reunión. Eran los primeros pasos, los primeros contactos. No teníamos nombre (aunque lo llamásemos Coordinadora), no teníamos Estatutos, pero teníamos mucha ilusión por sacar adelante el proyecto.

Cartel reivindicativo en nuestros iniciosLa inoperancia de los sindicatos de entonces, tal vez por falta de preparación, porque no había control ninguno sobre ellos y nadie les pedía cuentas, la falta de información en los centros venía a aumentar el desasosiego que padecíamos en las plantillas por las noticias que día tras día aparecían en prensa y las que nos llegaban de otros centros donde compañeros recibían los paquetes bomba.

Con este panorama de inseguridad laboral y familiar (ya había muertos entre funcionarios y familiares y teníamos la certeza de que los internos terroristas se habían aprovechado de la confianza del trato con algunos compañeros para sonsacarles datos que utilizaron para atentar contra ellos y sus familias) nadie entendía que nuestros representantes sindicales no forzasen a la Administración para obligarla a poner medidas que garantizasen nuestra seguridad y también, por qué no, que todo lo que estábamos pasando y padeciendo, TUVIESE UN REFLEJO EN NUESTRAS NÓMINAS. Queríamos que se nos pagase por todo lo que estábamos pasando.

Cuando los sindicatos (CSIF, UGT y CCOO, aunque entonces había alguno mas como la UFIP) negociaron con la Administración, lo que salió de dicha negociación no gustó a las plantillas. Y no era de extrañar, el acuerdo al que llegaron el 17 de agosto del 89, en materia de Seguridad y Condiciones de trabajo fue una auténtica tomadura de pelo. Y como hay sindicatos hoy en día que durante meses han lanzado consignas contra el “olvido y perdón”, justo es que no olvidemos NADIE. Por eso vamos a darles gusto y a publicar dicho acuerdo de forma íntegra, para que todos aquellos que han ingresado años después en esta casa y también los que ya no lo recuerdan, sepan lo que “conseguían” algunos en momentos muy duros para las plantillas (muchísimo mas que los de ahora mil veces). Aunque mejor habría que decir lo que no conseguían pese a la tremenda presión existente sobre la Administración por parte de las plantillas.

Esas fechas anteriores al 89 y posteriores a él fue una época especialmente conflictiva en todas las prisiones del País, raro era el día que no se padecía algún secuestro de funcionarios en el interior de los establecimientos penitenciarios; las agresiones, los motines, las fugas, los plantes, la violencia y el caos era el denominador común de todos los centros.

Eran fechas en la que todo acontecimiento extraordinario en un centro penitenciario tenía como conclusión el expediente disciplinario, el funcionario secuestrado o golpeado sabía que, además de ser agredido, su calvario no había hecho más que comenzar, las prisiones continuarían igual, no se tomaría ninguna medida para evitar que se volviera a repetir el suceso, pero él, el funcionario, sabía a ciencia cierta que iba a ser suspendido de empleo y sueldo. Los expedientes disciplinarios eran diarios, tal era el volumen que en algún centro penitenciario se posponían los cumplimientos de las sanciones para que pudiera haber plantilla trabajando.

Aun siendo un cuerpo civil de la Administración del Estado, el deje militar anterior se hacía notar, la actuación disciplinaria hacía el funcionario carecía de actividad probatoria salvo en la forma, puesto que en definitiva el testimonio de cualquier superior en el escalafón era suficiente para argumentar la sanción.

El funcionario del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias era considerado por la propia Institución como un mal a padecer, eran fechas donde lo único bien visto era lo que sonara a área tratamental, al resto se le colocó la injusta etiqueta de involucionista o antisistema, y como tal esos funcionarios eran los responsables de todo lo negativo que sucediera en los recintos penitenciarios.

En estas condiciones, que a nuestros representantes sindicales de entonces le saliesen sarpullidos a la hora de negociar subidas económicas, no lo entendíamos nadie. Sin embargo el proyecto que se estaba intentando sacar adelante lo tenía bien claro, como podéis ver en el documento adjunto, las MEJORAS ECONÓMICAS SE CONSIDERABAN MUY IMPORTANTES y no sentíamos vergüenza al decirlo.

Eran esos primeros años de andadura, aunque aún pasarían varios hasta que Acaip tuvo vuestro respaldo y, con él, la fuerza suficiente para comenzar a arrancar mejoras importantes a la Administración. Mejoras que, como podéis ver, ya por entonces las teníamos bastante claras.

Los ánimos se venían caldeando desde hacía muchos años y ya estábamos más que hartos del desamparo y abuso que padecíamos los Trabajadores Penitenciarios.

El nacimiento de Acaip se estaba fraguando aquel verano del 89, en el que mantuvimos las primeras reuniones, debatimos sobre los objetivos a conseguir, el nombre, los primeros estatutos, que fueron enviados al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social el 1 de febrero de 1990.

Pero eso será para otro capitulo de nuestra historia, junto con los hechos que vivimos aquellos años.

No quiero terminar este artículo sin un recuerdo para el que fue primer Presidente de Acaip, Dionisio I. y también para Ángel Lima, “el abuelo” de Acaip.

Fdo. REDACCIÓN REVISTA ACAIP.

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