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Los privilegios de la yihadista canaria en la cárcel: con velo y monitora deportiva PDF

Picassent | 01 de Enero de 2017

 

Fuente: El Español

Soukaina Aboudrar entró en la cárcel el año pasado como una de las principales exaltadoras del Estado Islámico en España. EL ESPAÑOL accede a las ventajas que la joven que llamó "monos y cerdos" a los españoles tiene en prisión.

11 de marzo de 2015. En la maraña de recordatorios, de pésame tras un nuevo aniversario por los atentados de Madrid en el año 2004, varios mensajes con un tono ciertamente agresivo se cuelan en las redes sociales y son rápidamente distribuidos. El tono no pasa desapercibido a los agentes de la inteligencia española. “Felicitamos a los españoles el aniversario de 11 de marzo, y les damos la buena noticia de que lo que viene será más amargo con el permiso de Allah”. Luego añade en otro tuit: “Os deseamos un feliz 11/M españoles y manténgase preparados para lo que viene con el permiso de Allah”.

Diez meses después, la responsables de estos y otros mensajes fue detenida. Su nombre, Soukaina Aboudrar. Con veinte años recién cumplidos, apenas una joven con la mayoría de edad recién estrenada, Soukaina Aboudrar aun no había sido detectada como una de las más importantes y peligrosas colaboradoras del Estado Islámico en la Península Ibérica. Diez meses después, casi después de jurar fidelidad a Daesh, entraba en prisión preventiva. Permanece encerrada desde entonces, como una de las internas más peligrosas y con un grado de vigilancia superior. Sin embargo, en los últimos días la joven radical está disfrutando de una serie de privilegios que no suelen concederse a otros presos de ese tipo.

Soukaina entró en la cárcel el 8 de diciembre de 2015. Ahora se encuentra en el centro penitenciario de Picassent (Valencia), interna en calidad de Primer Grado, el más restrictivo de todos, “por su peligrosidad extrema o manifiesta inadaptación a los regímenes ordinario y abierto”. No en vano, la joven era una de las principales bazas propagandísticas del ISIS en España. Sus mensajes en las redes, sus proclamas yihadistas, pretendían acercar a la órbita radical de la organización terrorista a cuantos fuera posible. Por eso, su ingreso en prisión y la atención que recae sobre ella en el centro, debería ser máxima. Sin embargo, algo más de un año después de entrar en la prisión valenciana, a la joven le están permitiendo gozar de algunos “inexplicables” privilegios a los cuales el resto de reclusos en situación de máxima vigilancia no han tenido la ocasión de acceder.

Soukaina está participando, con internos de otros módulos menos restrictivos, de un curso de formación para poder dar clases como monitor deportivo. Se trata de una actividad que abarca desde el 23 de noviembre hasta el 23 de marzo del año que viene, todos los días entre las cuatro y las ocho de la tarde. “La interna Aboudrar, Soukaina (M.20), irá acompañada por una Funcionaria del M.20 o la que designe el C.S.I., tanto en la entrada como en la salida”, se explica en la orden emitida por el Subdirector de Seguridad de la prisión valenciana. De ese modo, no solo pasará más horas en el patio de las que los internos de primer grado pueden disfrutar, sino que también estará en contacto con otros internos con los que relacionarse. Por eso, las alarmas han saltado en la cárcel.

La hora de inicio del curso, las cuatro de la tarde, es la hora en la que los internos tienen que descansar en sus celdas. Entonces es cuando los funcionarios de interior se toman su momento de descanso y paran durante un buen rato para comer. Turnándose en dos tandas, ya con los presos en sus celdas, es el momento en el que hay menos funcionarios disponibles. En el momento en el que Soukaina acude a dar sus clases de monitor deportivo tan solo está disponible la mitad de la plantilla. Por eso se autoriza, en contra de lo que dicen “todas las normativas internas”, a que la joven salga acompañada ella sola de una funcionaria.

Los internos de sus características, siempre, en cualquier circunstancia, deben ir acompañados de dos funcionarios. El inicio de la tarde, sin embargo, se trata de una hora baja, de calma y tranquilidad y por eso los responsables de las prisiones hacen ahí sus turnos para comer. Cuando Soukaina empieza su curso muchos de los efectivos están ociosos. Los responsables del centro se desentienden de estas razones y dedicieron que no resulta un problema. Que Soukaina, la joven extremista que llegó a avisar a todos los españoles de que “Ceuta y Melilla será vuestro cementerio”, puede estar menos vigilada durante las cuatro horas en las que realiza el curso. No les importa que solo una responsable esté pendiente de ella.

Se trata de un privilegio nada habitual, el único caso en toda España. Nunca es un interno de Primer Grado el seleccionado para recibir o impartir esta clase de cursos. Están sometidos a unas medidas muy especiales de control. La joven de Daesh se encuentra en ese momento con otros 14 presos de otros módulos, con un solo monitor a su cargo. Las horas de instrucción, además, incluyen clases de defensa personal, boxeo, actividades de fitness y una amplia variedad de deportes.

El centro penitenciario de Picassent, según un informe de ACAIP, publicado de forma oficial por Instituciones Penitenciarias, es “uno de los más conflictivos del sistema español”. Solo en la mitad de este año, entre el 1 de enero y el 30 de junio, se registraron un total de 819 incidentes graves o muy graves. En ellos, la mayoría de los afectados fueron funcionarios de la prisión. Estos fueron amenazados en 111 ocasiones. En otras nueve, algunos presos les agredieron o intentaron agredirles, a través de puñetazos en la cara, mordiscos o arañazos. En algunos casos se ha producido la baja médica de los trabajadores. No se trata de una situación aleatoria. Es una de las cárceles que acoge un mayor número de internos peligrosos.

Soukaina, la joven yihadista, no tiene ningún parte en su haber, no ha llegado a tanto de momento, pero sí que ha “estado al límite” con todos aquellos que se encargan de ella durante el día a día en el presidio. Algo que se ha repetido durante todo el año es su altivez, su constante desafío, retando en distintas ocasiones a las funcionarias que la atienden. Al entrar y salir de su módulo, el número 20, activa una pose desafiante, actuando con desdén y desidia ante todos los funcionarios que se le ponen por delante. Por protocolo, los funcionarios le cachean el cuerpo “por palpación” cada ve que entra y que sale, vaya a donde vaya y sea la hora que sea. Soukaina no se deja hacer, y tensa constantemente la situación hasta llevarles a todos al límite: le dicen que levante los brazos y no los levanta, hace comentarios, se resiste, emplea una actitud chulesca. Sin embargo, siempre ha sabido contenerse. Sabe cuando tiene que parar.

Hace una semana, Soukaina consiguió, gracias a una queja presentada ante el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, que este dictase un auto en el que se estudia por primera vez el uso del ‘hiyab’ en los centros penitenciarios españoles. En una más de sus proclamas, la joven reclamó su derecho a lucir esa prenda de su religión, que le cubre la cabeza y las orejas. El juez le dio la razón dándole prioridad a la libertad religiosa de la chica. Desde entonces se pasea con su distintiva prenda negra, esa que solo permite revelar sus rasgos oscuros y sus ojos morenos.

El protocolo con los presos de yihadismo en las cárceles españolas es prácticamente el mismo en todos los centros. Se hace un seguimiento exhaustivo. Se controlan todas las cartas que reciben y que envían. Se presta atención a las conversaciones que tienen con otros internos. Y, en general, están más incomunicados que el resto. En la vigilancia de este tipo de presos, la atención resulta esencial. Es preciso estar pendiente de todos los movimientos. Cualquier detalle, como dejar a Soukaina a su libre albedrío durante cuatro horas por las tardes, puede resultar esencial.

Los internos de Picassent pueden disfrutar, cada día, de cuatro horas en el patio en contacto con el resto de internos. Este es otro de los privilegios de Soukaina, quien no solo cuenta con esas cuatro horas, sino con otras cuatro más: las que le corresponden por asistir al curso de monitor deportivo. Ocho horas de libertad para una presa en régimen de Primer Grado. Algo nunca visto en el presidio.

Soukaina tiene ahora 20 años pero al cumplir los 18, se comprometió con Daesh en Pájara, el pueblo de Fuerteventura que le vio nacer. Juró lealtad al califato. Marroquí criada en Canarias, a Soukaina nunca le dio tiempo a aproximarse, como muchos otros del ISIS, a la central de operaciones de la banda terrorista en Siria. Allí viven sus padres marroquíes, trabajando en una cafetería. No pudo disfrutar de ese bautismo de fuego, ese viaje iniciático que se convierte en un recorrido de no retorno. Muchos van a Siria y a la vuelta regresan de otro modo, armados hasta los dientes y con la ideología en la cabeza. Soukaina no tuvo ni que ir. Ya había sido adoctrinada de antemano. Contactaron con ella estando en España.

La joven era uno de los enlaces con los que el Estado Islámico trataba de inocular el veneno de su mensaje en las conciencias de muchos españoles a través de las redes sociales. Era una de las encargadas de la propaganda, de deslizar la imagen radical de la organización hasta atrapar algún nuevo seguidor en la Península. A través de los mensajes que exhibía en Twitter, imploraba a su dios que le concediera el “honor” de atacar contra los españoles. A ellos tuvo acceso EL ESPAÑOL: “Que Allah les lleve, nos están matando con tanta crisis. Nos han destrozado la salud y somos jóvenes todavía. Que Allah me facilite una operación”.

Sin descanso, Soukaina no cejó nunca en su empeño de proclamar la llegada a España del califato. Había que conquistar Al Andalus, eliminar a los españoles “infieles” de la península, esos que ocupan la “tierra musulmana”. “Dejaros de tonterías y más represión contra los musulmanes, porque al final los que perderéis sois vosotros. ¿Acaso creéis que hemos olvidado nuestro Al Andalus? Vosotros sois los ocupas. Y pronto saldréis humillados de nuestras tierras. Os juramos por Allah que solo es cuestión de tiempo y correrá vuestra sucia sangre por toda España”.

“El Estado Islámico ha llegado y tenéis los días contados, descendientes de monos y cerdos”,escribió. “Hemos venido a decapitaros”. Ahora, la joven yihadista disfruta en la cárcel de un permiso inusual para los internos como ella, en grado de máxima vigilancia.

En unos meses, Soukaina, habrá terminado el curso y podrá ser monitora deportiva en el centro penitenciario, algo inusual, nunca visto en presos de ese calibre y sobre los que se mantiene un alto control. Ella podrá impartir las mismas actividades deportivas que recibió. Atenderá a internos de otros módulos, con otras condenas distintas y con una atención distinta por parte de los funcionarios. En estos, todos los presos están mezclados entre sí. De ese modo, algunos temen que propague sus propias ideas entre aquellos que puedan asistir a las sesiones. Cuando están impartiendo uno de esos talleres, el control que se pueda tener resulta diferente a cuando están en el módulo penitenciario. Es mucho más complicado atender y vigilar todos los detalles, lo que pueda decir o hacer con aquellos a los que esté autorizada a instruir. Soukaina, la joven yihadista, anda suelta en Picassent.

 

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