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Peligro en las cárceles españolas

La situación en las cárceles españolas se hace insostenible. Ante la inexistencia de soluciones alternativas, la población reclusa no ha dejado de aumentar en los últimos años, sin que la Administración tome medidas. La masificación pasa factura: se disparan los suicidios y las muertes por sobredosis. El profesor José Carlos García Fajardo conoce a fondo la situación que atraviesa el sistema penitenciario español gracias a veinte años de trabajo como voluntario social en varios Centros. Además, conoce la situación en más de dos docenas de cárceles en países de América Latina y de Africa.

Fuente: Fusión (revista mensual)

José Carlos García FajardoUno de los síntomas de que nuestro sistema penitenciario no va por buen camino es el aumento disparado de suicidios y muertes por sobredosis. ¿Cuál es la situación en las cárceles españolas?
He de decir que los datos son alarmantes: 30 presos se han quitado la vida en las cárceles este año; en 2004 hubo 40 suicidios, 12 más que en 2003. El año pasado murieron 180 reclusos, 40 de ellos se quitaron la vida, 33 murieron por sobredosis, dentro de la cárcel, sí, y 31 que ya entraron enfermos del sida, lo que fuerza a preguntarnos si la prisión era el lugar idóneo para estos enfermos.

¿Cómo evoluciona el problema de la masificación?
Las cárceles españolas tienen hoy día casi el doble de presos que en 1990: más de 61.000 repartidos en 77 prisiones. El aumento sostenido de la delincuencia, el endurecimiento de las penas, el castigo de nuevos delitos y la demora en la edificación de nuevas cárceles están sobrecargando el sistema penitenciario. Pero aún no hay una buena explicación sobre por qué España tiene la tercera tasa más alta de presos por habitante de la UE.
En un interesante reportaje de Pablo Ordaz se ofrece el testimonio de un recluso español que habla en un lenguaje claro y directo: "La gente viene muy rallada de fuera, se meten de todo, viven la aventura, son unos héroes en su barrio y luego llegan aquí y se les cae el mundo encima. Sobre todo cuando se dan cuenta de que la aventura les va a costar siete años de una condena que tendrán que comerse entera. La juventud de hoy no está preparada para el fracaso. Se derrumban. Y además, los psiquiátricos se cerraron y todos los que están mal vienen a parar aquí". Las cárceles no tienen reservado el derecho de admisión. Todo cliente enviado por los jueces halla acomodo, por el tiempo que sea.

Pese a que el ingreso en prisión no es evidentemente la mejor solución, ante la inexistencia de alternativas la población reclusa no hace más que aumentar. ¿Por qué?
Sí, el ritmo de aumento de la población penitenciaria (un 3,2% en lo que va de año), sin cárceles nuevas aún, ha llevado a la directora de Instituciones Penitenciarias, a plantear una reflexión: "Ha llegado el momento de que la sociedad supere la idea de que las prisiones son el destino inevitable al que están abocadas todas las personas que llegan a vulnerar las normas penales". ¿Cómo es posible que España tenga la tercera mayor tasa de población reclusa, 144 presos por 100.000 habitantes, muchos más que Francia o Italia? El Reino Unido, donde el total de presos crece en 250 personas por semana, se pregunta lo mismo. Ambos países construyeron 13 cárceles cada uno entre 1996 y 2003, con 18.500 nuevas plazas en el caso británico y 10.027, en el español. Y ya están llenas.

¿Hasta qué punto ha influido el endurecimiento de las penas?
Esa es una de las causas fundamentales que muchos expertos coinciden en señalar para explicar el imparable aumento de reclusos: el endurecimiento de las penas del Código Penal de 1995, reforzado aún más en 2003; las dificultades en el acceso al tercer grado y a la libertad condicional; la introducción de nuevos delitos de peligro abstracto; un cierto abuso de la prisión preventiva y la mayor presencia de delincuentes llegados de otros países.

¿Qué alternativas podrían existir, que ayuden a paliar el problema?
En la UE hay un debate sobre la flexibilización del sistema que aún no ha llegado a España, en el que se tiende a una apuesta fuerte por las penas alternativas, las libertades condicionales, la semilibertad, el cumplimiento de penas en centros de deshabituación por parte de los toxicómanos, las medidas telemáticas y los trabajos en beneficio de la comunidad.

Y además poniendo en marcha medidas sociales que actúen en las causas que provocan los actos delictivos.
Recordemos que el 70% de los presos está en la cárcel por delitos de narcotráfico y contra el patrimonio, muchas veces asociados. Si un delincuente drogadicto se deshabitúa, posiblemente no volverá a delinquir, porque la causa del delito desaparece.

¿La cárcel sería entonces el recurso último?
Los expertos coinciden en que para los delitos graves, para las condenas de larga duración, no hay alternativa. Habría que reservar la cárcel para los delitos más graves. Sólo con cumplir la ley, para que se permitiera el acceso a la libertad condicional de quienes han cumplido las dos terceras partes de la pena, se liberarían miles de celdas, tomando las medidas necesarias para prevenir la reincidencia.

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