Imprimir esta página

Tensión entre rejas por Covid-19: el hijo de un histórico amotinador se lía a puñetazos

Fuente: El Confidencial

Torres Fernández es hijo de Santos Torres Torres, uno de los internos más peligrosos, conocido por los trabajadores de prisiones por los altercados que protagonizó en la década de los noventa.

El preso Mariano Torres Fernández —con antecedentes penales por tirar por las escaleras del metro a una persona, atracar, robar y lesionar, entre otros delitos— se lio el pasado miércoles a puñetazos con un funcionario de prisiones. El interno ingresó el pasado miércoles por la tarde en la prisión de Valdemoro para pasar la noche antes de continuar su viaje hasta el centro penitenciario de Villabona, en Asturias, donde cumplirá su última condena. Lo que iba a ser una estancia breve en la instalación madrileña, sin embargo, se convirtió de repente en dos semanas.

La sobrevenida crisis del coronavirus motivó que la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias impusiera el pasado 10 de marzo medidas restrictivas en todas las prisiones de España, especialmente en Madrid, Álava y La Rioja, donde las autoridades sanitarias han detectado más casos. En estas tres zonas, el departamento dependiente del Ministerio del Interior ha suspendido las entradas y salidas de reclusos y ha prohibido cualquier traslado entre cárceles. De ahí que los funcionarios de la prisión de Valdemoro, como aseguran desde el sindicato Acaip-UGT, se sorprendieran el miércoles cuando el citado interno accedió al centro.

"Creíamos que estaban prohibidos los traslados", confiesan a El Confidencial. Desde Instituciones Penitenciarias, explican que la instrucción de suspender todos los traslados entre centros pilló a este recluso en medio del viaje, lo que provocó que tuviera que ser alojado en Valdemoro. Al no poder permanecer en el módulo de ingresos tanto tiempo, dado que se trata de un preso considerado muy peligroso, la dirección de la cárcel estableció que debía ingresar en el espacio que le correspondía por su calificación de "muy conflictivo".

Torres Fernández está calificado en concreto como interno de primer grado por el artículo 91.2 del Reglamento Penitenciario, que establece que "serán destinados a centros o módulos de régimen cerrado aquellos penados que muestren una manifiesta inadaptación a los regímenes comunes". Este preso entró para un día —dos, a lo sumo—, pero se quedará al menos dos semanas. Cuando los funcionarios de prisiones le comunicaron que pasaría 14 días en aislamiento, el preso se alteró y la tomó con el primer funcionario que tenía delante, el que le había comunicado el plan.

La violenta reacción de Torres Fernández provocó un "eritema y una erosión en el pómulo y en la nariz" del empleado público, que consiguió contener al recluso con la ayuda de un compañero. "El funcionario fue atendido en la enfermería por los servicios médicos del centro penitenciario, que le trataron con hielo y paracetamol", explicaron desde Acaip-UGT. "La rápida reacción del funcionario agredido y del compañero impidió que la agresión fuera más grave, ya que entre los dos le redujeron y le condujeron a la celda de aislamiento", añaden. Ayer, en su celda de aislamiento, Torres Fernández se tragó dos cuchillas y los servicios de emergencias se lo llevaron al hospital.

Torres Fernández es hijo de Santos Torres Torres, uno de los internos más peligrosos y conocidos por los trabajadores de prisiones por los altercados que protagonizó en la década de los noventa. Torres Torres lideró motines en diferentes prisiones españolas durante sus diferentes estancias, como el que tuvo lugar en junio de 1983 en la cárcel de Carabanchel, donde el preso llegó a secuestrar a media docena de funcionarios, incluido el jefe del servicio. Tras amenazar a uno de ellos en el patio con un pincho y tomarle como rehén, le llevó al interior de la instalación, donde con ayuda de otros internos cogió a los otros cinco y encerró a todos en una celda bajo amenaza de muerte.

Ni siquiera la intervención del juez de Vigilancia Penitenciaria, que se personó en el centro con la Policía Nacional, amedrentó a los secuestradores, que llegaron a advertir de que matarían a sus rehenes si los agentes accedían al centro. Solo cuando Torres Torres salió del módulo fue abordado por varios policías, a los que se enfrentó incluso en inferioridad numérica y con el pincho que portaba desde el principio. Los agentes tuvieron que dispararle para reducirle, lo que provocó en el interno diversas heridas de gravedad de las que posteriormente se recuperó. Tras el incidente, el alborotador fue enviado a la entonces prisión de máxima seguridad de Herrera de la Mancha.

Los presos se adaptan al coronavirus

El episodio protagonizado por Torres Fernández es calificado por Instituciones Penitenciarias como un "incidente aislado". El departamento dependiente de Interior asegura que estos días ha habido tan solo otro altercado violento relacionado con la crisis del coronavirus en el centro penitenciario de Alicante, donde un interno con problemas psicológicos se enfrentó a los funcionarios después de que estos le explicaran las medidas que había que tomar por recomendación de las autoridades sanitarias.

Se trata únicamente de dos casos entre los más de 50.000 reclusos que residen en las prisiones españolas (sin contabilizar las catalanas), que están colaborando plenamente con las diferentes direcciones de los centros penitenciarios. "Tanto los internos como sus familias están demostrando un comportamiento ejemplar", explican desde la secretaría general, y revelan que los funcionarios están haciendo una extensa labor pedagógica para trasladar los consejos sanitarios a los reclusos, que son en sí mismos una población de riesgo por su situación de aislamiento y por, en no pocas ocasiones, sus problemas de salud.

Valora este artículo
(0 votos)