Fuente: abc.es
SANTIAGO. Sentado el precedente, se suceden las imitaciones. Diez presos comunes de la prisión almeriense de El Acebuche comunicaron su propósito de iniciar una huelga de hambre inmediata con la intención de disfrutar de las mismas medidas judiciales que José Ignacio de Juana Chaos.
El promotor de la iniciativa, un recluso de 52 años, pidió a un bufete que se encargue de los trámites necesarios para poder comenzar mañana el ayuno.
El letrado José Ramón Cantalejo consultó con el Colegio de Abogados de Almería para pedir consejo, ante la difícil tesitura en la que lo han colocado sus clientes y a fin de evitar cualquier expediente disciplinario. La respuesta fue contundente: no se puede coartar la libertad individual de los presos si deciden dejar de comer. De todas formas, el jurista se reunirá con ellos para que desistan de su propósito.
Pero no sólo en las cárceles del sur se nota el efecto de la moda instaurada por el pistolero que lideró el Comando Madrid. Cuatro presos comunes de Teixeiro (La Coruña) llevan días sin comer -uno tres semanas, otro una, y los dos restantes, días- con la esperanza de que sean atendidas sus demandas, totalmente ajenas al conflicto terrorista.
Los reos recurren a la práctica de la vigilia de vez en cuando, como un modo de hacer presión para protestar por la denegación de un permiso, por la no atención de un recurso, o por la negativa a las visitas familiares. Normalmente, el sacrificio del estómago dura poco y no se cumple estrictamente. Esta ocasión, en cambio, es puntual, ya que se trata de aprovechar la repercusión de un caso, para ver si se repite.