Fuente: El Adelanto de Salamanca
La Guardia Civil detuvo ayer por la mañana al sacerdote colaborador de la prisión de Topas C. L. S., de 38 años, por un presunto delito de tráfico de drogas. Según ha podido saber este periódico, la investigación al sacerdote comenzó hace varios meses, cuando los agentes comenzaron a sospechar de que podía estar introduciendo estupefacientes a los presos de la cárcel.
Ayer por la mañana, la investigación alcanzaba un punto clave: la entrada y registro en el domicilio del sacerdote y en la capilla de la prisión y su posterior detención. Los agentes se trasladaron hasta la casa del párroco con los perros de búsqueda de estupafeciantes, allí localizaron alrededor de 400 gramos de hachís, según las mismas fuentes.
Tras este registro, los agentes decidieron trasladarse a la prisión de Topas para investigar si en su despacho o en la capilla del centro tenía más estupefacientes. Antes de mediodía llegaban cuatro guardias civiles encapuchados, tres sin encapuchar y un agente judicial con la orden del juzgado de Instrucción encargado del caso y con C. L. S. detenido. Su llegada sorprendía a todos los trabajadores e internos, que veían cómo los agentes y los perros registraban palmo a palmo todas las dependencias en las que interviene el cura.
Los perros señalan la droga.
Las mismas fuentes explicaron que el perro de la Guardia Civil señaló dos cajas que el cura tenía en su despacho como lugares donde había droga. Aunque ayer no había droga, las mismas fuentes de información explicaron que debería haberla habido antes y en gran cantidad, porque si no los perros de estupefacientes no señalan estos sitios. El can también señalaba constantemente los tobillos del sacerdote, por lo que se cree que podría haber introducido droga en la penitenciaría ocultándola en sus zapatos o en sus tobillos.
Pasadas las 15.45 horas un coche camuflado de la Guardia Civil trasladaba a C. L. S. hasta las dependencias de la Comandancia de la Guardia Civil, donde permanece a la espera de pasar a disposición del juez de guardia. Allí recibió la visita de su compañero de la cárcel, Emiliano de Tapia, y de miembros de la diócesis salmantina, que le trasladaron su apoyo y le transmitieron tranquilidad ante los hechos.
Según ha podido saber El Adelanto, C. L. S. negó en todo momento tener algo que ver con el tráfico de estupefacientes, aunque tampoco pudo explicar por qué había esa cantidad de hachís en su vivienda.
El juez encargado del caso ha decretado el secreto del sumario y tomará declaración del detenido a lo largo de la jornada de hoy, según está previsto.
C. L. S. llevaba ocho años trabajando en la prisión de Topas como párroco colaborador y voluntario. El sacerdote ejercía, además, como párroco en la localidad salmantina de Forfoleda aunque también tenía asignado los pueblos de Palencia de Negrilla y Negrilla de Palencia.
Algunos vecinos de Forfoleda, municipio en el que residía el sacerdote, mostraron ayer su asombro al conocer la noticia y quisieron destacar la buena labor que estaba haciendo en el párroco en el municipio. C. L. S. residió un tiempo en América Latina para contactar con la realidad de aquellos países e intentar ayudar a mejorar la situación
Los trabajadores registran dos celdas junto al subdirector y hallan dos teléfonos móviles.
La detención del sacerdote de la prisión de Topas no fue la única intervención que se hizo ayer en la cárcel salmantina. Ya por la mañana el subdirector del centro, junto a otros trabajadores, efectuaba un registro en dos de las celdas de la penitenciaría. Una de ellas es la de J. A. B., un conocido delincuente que se encuentra cumpliendo condena en el centro. Allí se localizaron dos teléfonos móviles y cuatro tarjetas para los mismos, algo que a pesar de estar prohibido se está convirtiendo en habitual. Además, se registró una celda del módulo IV, aunque en ella no se encontró nada extraño. Se desconoce si esta intervención está relacionada con la detención del sacerdote del centro, aunque todo parece indicar que podría ser así. Según ha podido saber este periódico, cuando uno de los presos de estas celdas contestó por qué estaban registrando su habitáculo, el subdirector le contestó que ya se enteraría "por el telediario".
Hace una semana la Audiencia Provincial condenó al recluso M. A. O. V. a dos años de privación de libertad por recoger 9,77 gramos de cocaína, heroína y cannabis durante un vis a vis que mantuvo en la penitenciaría. El fiscal retiró la acusación que mantenía para otro recluso, al que el principal acusado identificó como el receptor de la droga.
Un mercado negro imposible de controlar.
Los funcionarios de prisiones tienen las manos atadas a la hora de evitar el tráfico de estupefacientes u otros productos en la prisión. Las prisiones se están convirtiendo en lugares donde el mercado negro aumenta de manera imparable. La legislación prohibe a los funcionarios cachear a las personas que acceden a la prisión, sólo hay obligación de que pasen por el detector de metales, pero todo lo que no sea metálico y no haga saltar los detectores puede ser introducido. Si un trabajador sospecha que alguien puede estar introduciendo algo ilegal debe pedir permiso al director, éste tiene que avisar al juez y pedir una orden que autorice el cacheo y después, si la persona en cuestión no se presta al cacheo deben esperar a que llegue su abogado. De este modo, el mercado negro de drogas, móviles y alcohol hace su agosto en el centro. Allí el valor de los estupefacientes se multiplica por dos y un móvil puede llegar a costar 600 euros, aunque lo que ahora se hace es tener una tarjeta y alquilar el terminal por 20 euros la noche.
La diócesis condena el narcotráfico.
Los responsables de la diócesis salmantina no quisieron ayer decir mucho ayer al respecto de la detención de C. L. S. "Ni siquiera sabemos exactamente lo que ha pasado, así que no podemos hablar", decían. A última hora de la noche enviaron una nota de prensa en la que reconocían la detención, condenaban el tráfico de drogas "que tanto mal y perjuicio causa en nuestra sociedad" y apelaban a la presunción de inocencia, al tiempo que confiaban en que la investigación esclarezca los hechos. El compañero de diócesis y de prisión del C. L. S., Emiliano de Tapia, se mostraba sorprendido por los hechos y declinaba hacer alguna declaración al respecto, ya que desconocía cómo se habían producido. Él fue uno de los que visitó al detenido en los calabozos y aseguró a este periódico que se encontraba "bien, tranquilo, aceptándolo".
Por su parte, El Adelanto intentó ponerse en contacto con el director de la cárcel, Ignacio Bermúdez, aunque no fue posible mantener una conversación con él. Bermúdez tomó posesión la semana pasada.