Fuente: Sin determinar
Cuando llegó al Centro de Inserción Social (CIS) de Zamora solicitó volver a salir para regresar a su casa y estar con su esposa, que está embarazada. Por supuesto, los responsables del CIS le negaron la posibilidad de abandonar las instalaciones, en las que los condenados por algún delito cumplen arrestos de fin de semana o los últimos meses de prisión en régimen abierto o tercer grado.
Pero ni la negativa ni las razones ofrecidas por el Centro le disuadieron de sus intenciones. En cuanto vio la mínima oportunidad se fugó del recinto sin pensárselo dos veces. Se desconoce cómo logró evadir los controles de seguridad para salir del edificio anexo a la antigua prisión provincial, en la carretera de Almaraz, indicaron fuentes de toda solvencia.
Era el quinto sábado que cruzaba la puerta del Centro de Inserción Social para pasar el fin de semana. Por delante le quedaban sólo esos dos días y otro sábado y domingo para cumplir con la Justicia, que le condenó por un delito menor de tráfico de drogas cometido hace años (la pena se corresponde con las estipuladas en el anterior Código Penal para ese tipo de infracciones).
Ahora, tras su evasión, se enfrenta a su posible ingreso en prisión por haber cometido el delito quebrantamiento de condena, castigado con la reclusión por un periodo de seis meses a un año. Desde el Centro de Inserción se ha dado comunicación a las autoridades judiciales y penitenciarias de la fuga del interno: al juez de Vigilancia Penitenciaria, al Juzgado de Guardia y al que le juzgó por el tráfico de drogas.
En estos momentos está en busca y captura, por lo que será fácil que la policía le identifique y le detenga para ser juzgado de nuevo.
El interno es un hombre de mediana edad, totalmente insertado desde el punto de vista social y laboral, por lo que resulta más incomprensible su actitud, aún cuando su esposa estuviese en estado de gestación, dado que le restaban cuatro días para saldar su deuda con la Justicia.
Los responsables del Centro, al parecer, se mostraron sorprendidos por la actitud del hombre, puesto que su comportamiento «era normal y su vida estaba totalmente normalizada». Una conducta incomprensible para quienes vigilan a los internos del CIS, puesto que su huida del recinto cuando estaba próximo a quedar en libertad le causará un perjuicio indudable cuando se le juzgue por ello.
Bien es cierto que al ser un recinto en el que se interna a presos en tercer grado, que sólo están obligados a acudir a dormir y que pueden entrar y salir del centro, puede resultar más fácil evadirse que de un establecimiento penitenciario.
El Centro de Inserción Social de Zamora se inauguró en diciembre de 2003, depende de la macroprisión de Topas, con capacidad para albergar 34 presos. Estos recintos se crearon para dar respuesta al nuevo Código Penal, que establece que los arrestos de fin de semana deben realizarse en espacios adecuados para tal fin y no en prisiones. Se trata de separar a los presos que han cometido delitos menos graves o que han cumplido la mayor parte de sus condenas de los reclusos que son más peligrosos.