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El debate sobre la cadena perpetua

El objetivo de la prisión es la reinserción, y la burla de las víctimas.

Fuente: gaceta.es

Jorge Trías Sagnier

La salida de De Juana Chaos de la cárcel, pavoneándose de sus crímenes, ha sido tan chulesca que ha dejado a la sociedad sumida en la postración. Como si la Ley, en este caso la penitenciaria, no tuviese otra finalidad que burlarse de las víctimas. Creo, pues, que ha hecho muy bien el presidente del Tribunal Supremo terciando en la polémica de si es o no viable la cadena perpetua. Francisco Hernando cree que sí. Y unos días antes, tanto Enrique López, vocal del CGPJ, como Francisco Monterde, magistrado del Supremo, han opinado del mismo modo. En cambio, Federico Trillo, para sorpresa de propios y extraños, dijo lo contrario después de una reunión que mantuvo con Rubalcaba. Yo creo que Trillo no se habría estudiado el tema a fondo.

Recuerdo que era el año 1977 cuando en el Ministerio de Justicia, donde trabajé entonces como asesor de Landelino Lavilla, se planteó esta cuestión. Estábamos redactando, con Carlos García Valdés, la Ley General Penitenciaria, que terminó siendo la primera Ley Orgánica de la democracia. Quedó muy claro que el objetivo de la prisión era la reinserción y la reeducación de los delincuentes. La verdad es que entonces a nadie se le ocurrió que pudiese producirse una situación tan repugnante como la provocada por De Juana más de 30 años después.

El debate, ahora, tiene todo el aspecto de colocar, como en tantas otras cuestiones, a los progresistas en un lado y a los conservadores en otro. Y junto a los progresistas, algunos políticos y magistrados conservadores, los más conservadores, con síndrome de Estocolmo.

Hoy por hoy, las leyes que desarrollan la aplicación de las penas llegan a conclusiones que convierten el Código Penal en un auténtico cachondeo.

El debate está servido y será muy positivo conocer la opinión de todos aquellos que tengan alguna responsabilidad sobre cuestiones tan importantes.

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