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Uno de cada tres presos de Gipuzkoa cumple pena fuera de la cárcel

El 96,5% de los reos acepta los sistemas telemáticos de control. 27 reclusos de Martutene duermen en sus domicilios controlados con pulseras, tobilleras o mediante llamadas de teléfono.

 

Fuente: diariovasco.com
La condena de privación de libertad hace tiempo que no es sinónimo de clausura entre cuatro paredes. En las prisiones, cada vez son más habituales las situaciones más abiertas que «tratan de favorecer el regreso de los reclusos a la sociedad en las mejores condiciones, para que no vuelvan a cometer delitos». Son presos que, una vez cumplida parte de su condena, acceden a regímenes que les permiten dormir en casa o en un centro distinto al penitenciario, controlados con un dispositivo a distancia (en el caso del tercer grado) o disfrutar de libertad condicional.
A día de hoy, uno de cada tres reclusos de la cárcel de Martutene cumple su condena de privación de libertad pernoctando fuera de la prisión. En esta tendencia a los regímenes más abiertos puede tener su peso, en el caso de Martutene, la superpoblación de reclusos, sobre todo en el caso de preventivos (pendientes de juicio). A la espera de que se construya la nueva cárcel en Zubieta, Martutene tiene el dudoso honor de ser una de las prisiones más saturadas del Estado.
Pulseras y tobilleras
 
En total, en Martutene 265 reclusos cumplen pena de privación de libertad en régimen cerrado - primer y segundo grado-, 113 lo hacen en tercer grado, y 98 en libertad condicional. En tercer grado, como regla general, los reclusos pueden salir durante el día para trabajar o seguir un tratamiento y, por la noche, regresan a una sección abierta de la cárcel o a un centro de inserción. «En general, en el tercer grado se clasifica a aquellos internos que han cumplido parte de su condena, están en un proceso avanzado de reinserción, su evolución es buena, y ya han disfrutado de días de permiso sin ningún tipo de problemas», explican desde Instituciones Penitenciarias.
La mitad de los reclusos en tercer grado de Gipuzkoa pernoctan fuera de prisión. De ellos, 27 presos viven fuera de la cárcel y duermen en sus casas. Eso sí, controlados con un dispositivo telemático, una pulsera o tobillera, que llevan consigo las 24 horas del día y que está conectada a un módem. Al recluso se le fija un horario de estancia en su domicilio y el sistema controla cuándo entra y sale de su casa. «No es un GPS que vigile sus movimientos. Sólo controla la obligación de estar en su domicilio en un horario concreto», añaden desde Instituciones Penitenciarias.
Según Arrats, la asociación de atención integral a presos y ex presos en Gipuzkoa, el 96,5% de los condenados se muestra partidario del método «a pesar de suponer una injerencia en su vida personal y familiar por la visibilidad de las pulseras».
Llamadas telefónicas
 
Dentro del tercer grado existe un grupo de 14 presos que duerme en su casa y, en lugar de estar controlados con pulseras y tobilleras, debido a su «horario de trabajo o por motivos de salud», dan parte de su situación mediante llamadas telefónicas. «Algunos tienen que llamar diariamente a la prisión de lunes a viernes o deben acudir a la prisión cada semana o quincenalmente», explican fuentes de la cárcel.
También hay terceros grados que pernoctan en centros de rehabilitación. En concreto, dos están en un centro de Agipad, y 14 en Proyecto Hombre. A ellos se les controla con entrevistas periódicas. Además, 14 jóvenes también de tercer grado viven y duermen fuera de la cárcel en la unidad independiente que gestiona la Fundación Ametzagaña. «Es un centro pedagógico en donde se acoge a jóvenes hasta 28 años y que tiene un convenio con Instituciones Penitenciarias. Cada uno tiene un programa individualizado de formación».
El resto de internos de tercer grado pueden disfrutar de 48 días de permiso al año en períodos máximos de siete días y también pueden salir de permiso durante los fines de semana. Tras el tercer grado, cuando se han cumplido las tres cuartas partes de la condena -existen excepciones-, el juez de vigilancia penitenciaria puede aprobar la libertad condicional. Los reclusos en esta situación ya no pernoctan en la cárcel aunque siguen estando sujetos a un control.

Para los presos que siguen en régimen cerrado, no todo son paredes y muros. A determinados reclusos de segundo grado se les aplica el artículo 100.2 del reglamento penitenciario que les permite salir de prisión para realizar actividades laborales, terapias... «Se destina a presos con buena evolución o condenas largas. Es algo así como un puente entre el segundo y el tercer grado», explican desde Martutene. En los casos en los que la evolución es negativa, se clasifica al preso en primer grado, el antiguo aislamiento. Este régimen es cada vez «más raro» y se reduce a «personas que tienen delitos muy graves».

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