Fuente: diariodemallorca.es
Un juzgado de Palma ha condenado a un recluso a una pena de tres años de prisión por traficar con drogas en la cárcel de la ciudad. El acusado, que ha sido considerado responsable de un delito contra la salud pública en centro penitenciario, además deberá pagar una multa que asciende a 12.150 euros. Por su parte, la madre del inculpado ha sido absuelta por la magistrada del juzgado de lo penal número 5 de Palma después de que la fiscalía retirara los cargos contra ella.
El preso, de 41 años, fue sorprendido con varias porciones de hachís y un centenar de pastillas cuando salía de una habitación tras mantener una comunicación familiar con su madre. Los funcionarios le cachearon y él no opuso ningún tipo de resistencia.
Los hechos enjuiciados ocurrieron el pasado 14 de febrero de 2006 aproximadamente a las tres de la tarde en una de las salas de la prisión de Palma en las que se tienen encuentros con familiares. Según se declara probado en la sentencia, el recluso, siendo interno en el centro penitenciario, llevaba escondidos en una mano dentro de unos preservativos cien pastillas de Trankimazin y cinco trozos de hachís al salir de una visita con su madre.
Distribuir la droga
El hombre iba a entregar dichas sustancias a una o varias personas internas en el centro. Precisamente, el valor del hachís intervenido era de 58,63 euros, mientras que el valor del Trankimazin incautado en el mercado ilícito era de 345,03 euros, según el fallo.
El acusado admitió durante la celebración del juicio que tenía en su poder dichas sustancias a la salida de una de las salas de comunicaciones y que sólo una parte de la droga intervenida iba a destinarla al consumo propio. Por tanto, el resto iba a introducirlo en las dependencias comunes del centro penitenciario, según la sentencia.
El recluso también expuso que la droga estaba escondida encima de un fluorescente en el baño de las salas de visitas y que tenía el encargo de hacérsela llegar a otro interno, cosa que no ha podido ser probada debido a las "incomprensibles y numerosas contradicciones" entre los funcionarios de la prisión que declararon durante la vista oral. La sentencia destaca que, tras la prueba practicada, no se conoce la forma de entrada de la droga en la prisión. No obstante, es claro que el procesado colaboraba en el tráfico de drogas en el centro penitenciario, lo que supone una agravación del delito al tener lugar los hechos dentro de un establecimiento penitenciario.