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Funcionarios denuncian trato de favor a presos etarras en cárceles de la Comunitat

Critican que se les permita llevar a sus hijos a los vis a vis, que tengan acceso diario a prensa en euskera o que mantengan contactos en el patio.

Fuente: lasprovincias.es

"Los etarras tienen privilegios en la cárcel". La frase no fue pronunciada por un profano en la materia. Así lo consideraba José Martínez, director de varias prisiones españolas, en una entrevista concedida a LAS PROVINCIAS hace una década. Pero no por antigua, la afirmación parece dejar de tener vigencia. Basta con consultar a los funcionarios de prisiones para comprobar que el estatus de los terroristas como presos les confiere algunos privilegios a los que no tienen acceso, o al menos no tan fácilmente, el resto de los reclusos.

No es fácil conocer el número exacto de etarras ingresados en las cárceles valencianas ni mucho menos su identidad. Los miembros de Instituciones Penitenciarias reservan celosamente su ubicación y nombre. Razones de seguridad. No obstante, la cifra supera la decena, según fuentes del ámbito carcelario. Y al menos siete de ellos han sido objeto de "trato de favor" en los últimos meses en la prisión valenciana, como indicaron las mismas fuentes a LAS PROVINCIAS.

El ex jefe del comando Vizcaya y responsable de casi una veintena de asesinatos ha sido uno de los más favorecidos, según las denuncias. Juan José Iglesias Chouzas, Gadafi, interno en la cárcel de Villena y trasladado a la de Picassent antes del verano -al a dar luz su compañera, la también etarra Nagore Múgica- incluso ha logrado esquivar una sanción de 12 días de aislamiento por propinar una paliza a un preso común. Lo hizo junto a otro etarra, Ángel Aramburu Sudupe, en el establecimiento penitenciario de Alicante II. Y he aquí otro supuesto trato de favor: las normas marcan que dos terroristas de ETA jamás pueden coincidir. Para ello se ingresa un máximo de dos etarras por módulo, todos catalogados como Fies 3 (internos de especial seguimiento pertenecientes a banda armada).

La agresión prueba que esa incomunicación no siempre se respeta. Ocurrió en abril y los dos etarras golpearon y patearon a otro interno que estaba limpiando. El juzgado central de Vigilancia Penitenciaria atendió la reclamación interpuesta por Gadafi de sustituir los 12 días de aislamiento a cambio de dejar de dar paseos por el patio por la tarde. La sanción quedó así en nada, ya que la normativa únicamente permite salir al patio a los etarras por la mañana.

Semanas sin nada en su idioma.

El acceso a prensa diaria en euskera por parte de internos etarras es otro de los privilegios que exaspera a los funcionarios. Los terroristas pueden leer el Berria, un periódico surgido en 2003 tras el cierre por parte del juez Del Olmo del Euskaldunon Egunkaria por formar parte del conglomerado empresarial de ETA.

"Muchos presos extranjeros, como algunos chinos, a lo mejor no leen nada en su lengua en varias semanas, y a ellos es raro que les falte algún día", critica un funcionario.

El parto de Nagore Múgica fue el detonante de una nueva polémica en ámbitos carcelarios. Tuvo lugar poco antes del verano y la terrorista fue trasladada al Hospital General para dar a luz. La llegada de la niña permitió el reencuentro en Picassent de Múgica y Gadafi. Pero en los vis a vis (encuentros íntimos sin vigilancia) no sólo se veía la pareja: también lo hacían con su hija, algo no permitido por el reglamento.

Fuentes penitenciarias señalaron que la miembro de ETA argumentó que aún necesitaba darle el pecho a la niña para eludir las normas. "Ninguna interna lo hace. El bebé se queda con alguna otra reclusa", argumenta un funcionario, además de que la toma de pecho no parece una cuestión vital en el periodo máximo de dos horas que duran estos encuentros.

El ex jefe del sanguinario comando Vizcaya protagonizó el pasado mes de junio los momentos más escandalosos para los encargados de vigilar la cárcel de Picassent. Aunque su participación en estas actividades no ha sido confirmara por Instituciones Penitenciarias ("no nos consta", fue la respuesta de un portavoz), los funcionarios aseguran que tras ser trasladado a la cárcel de Valencia por el parto de su compañera, Gadafi pudo disfrutar de la piscina de la prisión, acudió a una representación teatral e incluso asistió a un concurso de paellas en el establecimiento penitenciario.

"Muchos presos calificados en primer grado no pueden ni soñar con acudir a estas actividades", lamenta otro funcionario consultado por LAS PROVINCIAS.

Taichí y meditación.

Además, como ya denunciaron fuentes penitenciarias hace dos meses y recoge en su web el sindicato Acaip, durante ese periodo coincidieron y llegaron a estar juntos en la prisión valenciana hasta tres parejas de etarras: los ya citados Múgica y Gadafi; Alaitz Iturroiz e Ibon Urrestarazu; y Cristina Gete y Jesús María Lombide.

El ocio para los etarras entre rejas no se queda aquí. Con cierta periodicidad, incluso semanal, algunos terroristas pueden disfrutar de clases de taichí o de meditación en la prisión valenciana. Cursos como estos fueron aducidos en 2006 por Idoia López Riaño, la sanguinaria Tigresa, para intentar reducir condena. La Audiencia Nacional la puso en su sitio al negarse a ello.

"Queremos calmar nuestras mentes", fue la frase que pronunciaron recientemente dos terroristas en Picassent ante la presencia de una integrante de una asociación budista que les impartía clases de meditación en el establecimiento penitenciario. Una búsqueda del equilibrio espiritual que contrasta con los cientos de años de condena que arrastran estos terroristas por decenas de atentados y asesinatos.

Muchos presos miran con recelo también que los etarras disfruten de celdas individuales. La seguridad y la incomunicación mandan, pero "mientras todos los internos se hacinan en una cárcel hipermasificada como la de Picassent, ellos tienen ese lujo", explica otro funcionario de la cárcel valenciana.

El parto de Nagore Múgica no ha sido el único que ha levantado ampollas en los últimos meses. A finales de diciembre, el alumbramiento de otra integrante de ETA en el Hospital General de Valencia desató las críticas de la Asociación Independiente de la Guardia Civil. Denunciaron que se permitió visitas a la etarra por parte de cinco familiares, cuando las normas impiden que estén más de dos personas a la vez con la presa.

La Tigresa tampoco tuvo un paso exento de polémicas por la cárcel de Picassent. Su boda con el también miembro de ETA Juan Ramón Rojo González en 2004 levantó muchas suspicacias. Al final fue un enlace sin lujos, ni champán ni tarta, aunque los etarras sí disfrutaron de dos horas en una estancia de la cárcel con cama de matrimonio. La relación no duró mucho: ambos fueron trasladados a otras cárceles e Idoia López dejó a su compañero de armas por un preso común.

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