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Denuncian irregularidades en la aplicación del tercer grado en la cárcel de Picassent

Los funcionarios critican la "masificación" del centro penitenciario.

Fuente: lasprovincias.es

El sindicato de funcionarios Acaip denunció ayer que se están otorgando pulseras electrónicas a presos que no cumplen las condiciones, con el objetivo de ganar espacio en el Centro de Inserción Social (CIS) de Picassent. Este dispositivo, que permite mantener controlado al preso, se dispensa a aquellas personas en situación de tercer grado y que están a punto de cumplir su condena, lo que les permite, en lugar de pasar la noche en el CIS, hacerlo en sus casas o con familiares, al estar perfectamente localizables.

Desde el colectivo de funcionarios criticaron que se están dando las pulseras a internos que "dudosamente cumplen los requisitos o que no han tenido un buen comportamiento", simplemente, para "hacer sitio".

Una de las principales denuncias de los trabajadores es la "masificación" que existe en el centro penitenciario. Otra de las quejas es en relación a las penas que se conmutan por trabajos en beneficio de la comunidad. Evidentemente, sólo se aplica en determinados delitos, que pese a ser graves, como casos de maltrato, no alcanzan el nivel de los que, por ejemplo, atentan contra la vida. Además, se hace a personas sin antecedentes penales.

Desde el sindicato coincidieron en valorar de forma positiva este tipo de procedimiento como una medida de inserción social, aunque lamentaron que no se esté aplicando de forma correcta. Acaip explicó que desde Administraciones Penitenciarias se intentó llegar a acuerdos con asociaciones, comunidades autónomas o ayuntamientos para que estos condenados realizaran los trabajos, aunque en la práctica no se han llegado a concretar. Una de las medidas que se han tomado, tal y como denunciaron, es que el Centro de Inserción Social ha acogido a algunos de estos presos, lo que calificaron como un "fraude social", teniendo en cuenta que pasan a estar incluidos en un centro penitenciario cuando en realidad su pena ha sido conmutada por trabajos en beneficio de la comunidad.

Otra de las quejas es que durante su estancia en el CIS no realizan ningún tipo de actividad. Incluso hablaban de un caso concreto, tras detectar que algunos presos condenados por maltrato intercambiaban experiencias sobre las agresiones a las respectivas parejas.

Uno de los objetivos del nuevo director de Picassent, Ramón Cánovas, es acabar con la saturación que existe en el centro penitenciario. Para ello, se ha previsto el envío de cerca de 500 presos al nuevo recinto de Albocàsser, que se realizará en varias series. La primera de ellas está prevista para este mes.

La cárcel fue diseñada para acoger a 1.300 reclusos, aunque en la actualidad hay 2.500, la mayoría hombres. Además, hay que contabilizar a 23 niños que conviven con sus madres. En realidad, la saturación es un problema que sufren todas las prisiones de Europa, entre ellas las españolas.

Pese a todo, Cánovas reconoció en su comparecencia ante los medios que la plantilla de funcionarios en el recinto es suficiente para atender las necesidades que se presenten.

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