Fuente: elmundo.es
El centro penitenciario Alicante II, en Villena, fue el primero en poner en marcha esta plantilla de especial control. Era el otoño de 2007. En un primer momento fueron cuatro los funcionarios seleccionados. Recientemente se ha ampliado a uno más. Precisamente, en esta cárcel cumplen condena una decena de islamistas, entre los que se encuentran cuatro de los considerados más peligrosos de España, relacionados con los atentados del 11-M. Estos cuatro internos residen en el módulo de aislamiento, separados del resto de la población reclusa.
Viven solos y están en una galería habilitada para ellos, pese a que en este departamento hay un total de seis celdas. Hace años, este espacio estaba habilitado también para internos en otro régimen de vida.
Fuentes penitenciarias revelaron que dos de ellos están cursando estudios a través de la Universidad a Distancia (UNED) y que, para ello, la Administración central les entregó material para el curso por valor de 500 euros. Este, según las mismas fuentes, sólo es uno de los “privilegios” que reciben en la prisión alicantina.
Además, señalaron, se alimentan a base de una dieta vegetariana y acceden al gimnasio una vez por semana, tienen paso libre al economato del módulo, a la lavandería, a la peluquería y a la escuela.
Hasta la fecha, muchas han sido las voces para denunciar lo que, a su juicio, es un trato de favor por parte de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias hacia estos reclusos.
Los denunciantes aseguran que, en muchas ocasiones, son estos internos los que alzan la batuta, para dirigir el día a día en el módulo por encima de las directrices de los funcionarios. “No es la primera vez que se ha tenido que acceder a sus peticiones y que todo se ha amoldado a sus condiciones”, indican.
De hecho, apuntan, en el centro penitenciario salmantino de Topas la dirección del penal ha accedido a que en algunos módulos donde la mayoría de los internos son musulmanes, el personal sanitario que los atiende no esté compuesto por mujeres.