Fuente: lasprovincias.es
La droga en la cárcel es un problema. Quizá el de mayor gravedad que puede padecer una penitenciaría. Nadie lo niega. Pero evitar la entrada de sustancias estupefacientes en un centro de este tipo resulta complicado.
No obstante, la cárcel de Picassent ha aumentado la seguridad en este ámbito desde hace aproximadamente un mes. Agentes de la Guardia Civil acuden una vez por semana con perros adiestrados en detectar drogas. Su misión: inspeccionar paquetes enviados a los presos.
Los canes pertenecen al Centro Cinológico de Almussafes, donde la Benemérita dispone de perros expertos en explosivos, drogas y rastreo de personas desaparecidas. La medida se inicio para reducir la introducción de droga en las instalaciones. Aún no se ha detectado ninguna sustancia en los envíos. Pero con el incremento de la seguridad sí se ha logrado dificultar la entrada.
Recientemente un preso murió de una sobredosis en la cárcel. Se trata de una situación poco habitual, pero casi todos los años se produce algún caso. "Es un problema tremendo y difícil. La prisión parece un medio totalmente cerrado, en el que puedes establecer unos tamices, pero toda persona que entra en una prisión es susceptible de introducir droga", lamentan desde la dirección. En ocasiones, el método no consiste en introducirla propiamente en la cárcel, sino depositarla en un lugar para "que otros la recojan".
La existencia de droga se vigila con cacheos, controles y medios mecánicos, además de los animales adiestrados. A todo esto hay que sumar otras iniciativas que se prefiere no desvelar. Incluso se estudian otras actuaciones de cara al futuro. De todos modos, existen otras formas más habituales para introducir droga en las prisiones como, por ejemplo, las comunicaciones íntimas.
Las fuentes penitenciarias aclaran que no es que se haya detectado un aumento especial del consumo de drogas, sino que es un fenómeno que, al igual que está en la sociedad, se reproduce dentro. El consumo sigue las mismas pautas que en el exterior. Así, se ha notado en las prisiones españolas un descenso del consumo de heroína y un aumento de cocaína y psicotrópicos.
Por muchas medidas de seguridad, la droga difícilmente desaparece del centro. A finales del pasado año, funcionarios de Picassent intervinieron tres alijos de hachís de 1,7 kilos en diferentes lugares de la prisión en sólo 14 días, lo que transmite la idea de hasta qué punto la distribución y comercio en la cárcel se mantiene. Uno fue descubierto dentro de una bolsa de basura en uno de los patios, otro en el entretecho de una consulta médica en un módulo de internos conflictivos y el último en un desagüe.
La droga fue hallada en un registro sorpresa y dos inspecciones para prevenir el consumo y tráfico de sustancias estupefacientes en la cárcel, delito que está castigado con otros seis años de condena. Estos controles se realizan también para detectar armas y otros objetos prohibidos.
Entre estos últimos, figuran los móviles, un elemento de lujo en la cárcel. La de Picassent está instalando un sistema de inhibidores para anular su uso. El anterior dispositivo se tuvo que retirar ante las molestias que causaba a los usuarios de la carretera y agricultores.