Fuente: ideal.es
Cuando la economía se desploma, existe el riesgo de que aumente la delincuencia. No es obligatorio que esa ecuación se dé, pero tampoco es una deducción descabellada. Ni mucho menos. El propio jefe superior de Policía de Andalucía Oriental, Pedro Luis Mélida, recordó, cuando tomó posesión del cargo, que hay estudios sociológicos que apuntan en esa dirección.
Un grupo de expertos de la Fundación Athena Intelligence -una entidad dedicada al análisis del fundamentalismo religioso y su degeneración en terrorismo- ha ahondado en esa idea y ha llegado a la conclusión de que la actual crisis económica puede ser un excelente caldo de cultivo para el extremismo yihadista en España, para los fanáticos que defienden la guerra santa contra Occidente.
La investigación.
No es una afirmación caprichosa. Antes de ponerla por escrito, los autores del estudio -entre los que se encuentra el catedrático de la Universidad de Granada Javier Jordán, una autoridad en la materia- recabaron información en 25 centros penitenciarios españoles, entre ellos, el penal granadino de Albolote. En este sentido, contaron con la colaboración desinteresada de 192 funcionarios que tienen contacto con presos -comunes o no- de credo musulmán.
La investigación partía de la premisa de que «las redes sociales que se desarrollan y mantienen en las prisiones pueden conducir, en algunos casos, a la radicalización yihadista». Y las «situaciones de turbulencia económica» pueden contribuir a aumentar los «actos delictivos», lo que, a su vez, incrementa la población penitenciaria. Llegados a este punto, los expertos recalcan que la recesión afecta especialmente a las «capas sociales más desfavorecidas», y los más débiles entre los débiles suelen ser los inmigrantes, muchos de los cuales son musulmanes.
«Por lo tanto -avisan- no es difícil caer en la cuenta de que, en los próximos años, podría aumentar muy sensiblemente la población de presos musulmanes procedentes de nichos sociales muy desprotegidos (....), frustrados y propensos a refugiarse en la fe y, quizá, altamente sensibles al adoctrinamiento radical».
Ante esa perspectiva, los autores del estudio consideran que, «en estos momentos de crisis socioeconómica, sería muy saludable para la seguridad del Estado preguntarnos si el sistema penitenciario está preparado para desarrollar planes de acción eficientes como para poder contener, llegado el caso, la expansión en red de los procesos de radicalización islamista en las prisiones de nuestro país». Para los integrantes de la fundación, es evidente que lo mejor sería adoptar ya medidas preventivas en el «plano de la inteligencia, tanto estratégica como operativa». Tienen claro que el riesgo de radicalización en los presidios es real. Y más en estos tiempos de penurias.
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