El tribunal no da crédito a los análisis de esta documentación realizados por los agentes de inteligencia, quienes aseguraron que García Sertutxa iba a ser uno de los fugados y que en el plan iban a participar Cinos y Goyoaga.
No existe prueba alguna en el procedimiento que acredite que el pretendido plan de fuga superase la mera ideación, afirman los magistrados.
TRATAMIENTO AGRESIVO
La resolución destaca además que es poco probable que García Sertutxa fuese a liderar un plan de fuga porque en aquella época, el año 2007, estaba siendo sometido a un agresivo tratamiento por la hepatistis que sufría. El tratamiento lo dejaba tan cansado que incluso evitaba salir al patio.
Difícilmente puede acompasarse ello con mantener unos planes de fuga en los que ha de engancharse a un helicóptero y salir huyendo por los aires colgado de un cable, indica la sentencia.
García Sertutxa, condenado por intentar asesinar al Rey en 1995 en Palma de Mallorca, dijo en el juicio celebrado el pasado 18 de septiembre por la Audiencia Nacional que nunca había intentado fugarse.
Los magistrados de la Sección Tercera también destacan que no consta acreditado que Goyoaga pertenezca o cooperar con la banda terrorista ETA.
TRASLADO A PORTUGAL
El fiscal encargado del caso, Pedro Martínez, sostenía que en la evasión iban a participar dos comandos de ETA y que los terroristas querían secuestrar un helicóptero para recoger mediante un cable a los presos del patio del centro penitenciario y trasladarlos a Portugal.
Martínez pidió seis años y cinco meses de cárcel para Sertutxa al atribuirle delitos de quebrantamiento de condena, secuestro terrorista y robo con intimidación, todos ellos en grado de conspiración y con la agravante de reincidencia.
El representante del Ministerio Público solicitó asimismo una pena de 16 años y tres meses de cárcel para Goyoaga al atribuirle un delito adicional de integración en organización terrorista. Martínez pedió por último ocho años de prisión para Cinos Juanes por un único delito de colaboración con organización terrorista.
Fuente: El economista.es