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El fiscal admite que será difícil demostrar la culpa del funcionario en el crimen de Villabona

Fuente: La Nueva España

El recluso Jaouad Belhadj Killeh, ya condenado por homicidio, había agredido a tres presos antes de matar a Justo Prieto y desde entonces ha atacado a otros.

Los funcionarios de Villabona lo califican de imprevisible, impulsivo, inestable, otras veces "taimadamente sumiso", con rasgos antisociales... Jaouad Belhadj Killeh, el gijonés de origen marroquí acusado de reventar a golpes al corverano Justo Prieto Alonso en la prisión de Villabona la tarde del 9 de noviembre de 2011, presenta el perfil de un psicópata, una auténtica bomba de relojería que ha dejado un rastro de muerte. Y es que ingresó en Villabona para cumplir seis años por homicidio, y antes de matar a Justo Prieto, ya había agredido a otros tres reclusos, según dijeron funcionarios de la cárcel. Desde el brutal incidente de hace dos años, que forzó su traslado a Galicia, ha atacado al menos a otros dos presos.

 

El juicio contra Belhadj Killeh, alias "Jomar", y el funcionario de prisiones V. Á. L. se inició ayer en la sección segunda de la Audiencia con la elección del jurado y la introducción del caso por parte de las acusaciones y las defensas. El fiscal Gabriel Bernal indicó que no hay duda alguna de que el marroquí mató de la forma más brutal a Prieto, pero también reconoció que "será difícil establecer la responsabilidad penal del funcionario, porque es discutible jurídicamente". Los acusados declararán esta mañana.

El marroquí exhibió ayer en la Audiencia una forma impresionante, que habla a las claras de su dedicación a las pesas. Con el pelo totalmente rasurado, permaneció esposado durante toda la sesión del juicio, bajo la atenta mirada de dos policías nacionales. Separado de él, ligeramente más atrás, se sentó el funcionario V. Á. L., defendido por Celestino Muñiz, quien niega que su cliente informase a "Jomar" de la presencia de Prieto en el módulo 8 de la cárcel, y achaca esta acusación al deseo de venganza de los reclusos que han dado esa versión.

El corverano había entrado en prisión después de protagonizar un grave incidente en Avilés. Los agentes tuvieron que pegarle un tiro en la pierna para reducirle. Según el fiscal y la acusación particular, a cargo de la familia de la víctima, cuyos intereses defiende el decano del Colegio de Abogados de Gijón, Sergio Herrero, al llegar al módulo 8, Prieto reconoció a Jomar, al que había apuñalado en 2003 durante una reyerta en un local gijonés. también indican que se dirigió al funcionario V. Á. L. para pedirle desesperadamente que le cambiase de módulo. "No sólo no hizo esto, sino que no se mantuvo callado y avisó a Killeh. Y luego señaló a Prieto en el patio del módulo", defendió Herrero.

La agresión fue de tal brutalidad que los presos estuvieron impactados durante semanas. Eran las siete de la tarde. Tras tumbar a Prieto de un puñetazo, Jomar lo machacó a patadas. Luego cogió carrerilla y saltó varias veces sobre la cabeza y el tórax del corverano, que sufrió daños devastadores en el cráneo. Tanto Bernal como Herrero piden 25 años de cárcel para el marroquí por asesinato. Discrepan, sin embargo, respecto a la responsabilidad penal del funcionario. El fiscal estima que es autor de una falta de homicidio por imprudencia, por lo que pide tres meses de multa. La acusación particular entiende que podría ser cómplice de asesinato o de homicidio por imprudencia profesional grave, y solicita 15 años.

La defensa, a cargo de Washington Jesús Villaverde, ayuda poco al funcionario. Según este letrado, alguien avisó a Killeh: "La persona que te apuñaló hace años está en el módulo. Cúbrete las espaldas". Entonces avisó al funcionario V. Á. L. de que tenía miedo de que Prieto le volviese a apuñalar. Fue poco después cuando el funcionario identificó a Prieto y le dijo, siempre según el escrito de defensa: "Dale, pero no te pases". El escrito sostiene que Killeh se puso muy nervioso y que cuando se encaró con Prieto éste hizo ademán de agredirle. Estaba, según el escrito de defensa, "fuera de sí". Por ello pide que sea condenado por homicidio imprudente, y que se apliquen las atenuantes de arrebato, legítima defensa, dilaciones indebidas y confesión. Ayer, en la vista, Villaverde dijo que las cosas no son tan sencillas como parecen. "No hubo un ánimo de matar. Los hechos no están tan claros", añadió. El letrado echó la carga de la responsabilidad sobre los funcionarios. "Valoren", pidió al jurado, "si la actuación pudo influir en la actuación del acusado". Y es que considera que la actitud de los funcionarios fue "indolente". "Valoren si en una situación similar, en un contexto como la cárcel, se puede perder la cabeza. Además, una brutal agresión no es un asesinato", finalizó.

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