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ENFOQUE
JURÍDICO
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Número 4 octubre 2016
MILAGROS PIEDAD
LOPEZ MARTÍNEZ
Se estima que hay más de 10 millones de
presos en todo el mundo, población que
ha ido creciendo 1 millón de internos
por década. En 2008, el país con mayor
número de personas encarceladas es
EEUU, con un número aproximado de
2,3 millones y la tasa más alta per cápita
de la población (756 por 100.000 perso-
nas en comparación a 145 por 100.000 en
el resto del mundo). También destacan
China, Rusia, Brasil y la India con más
de un cuarto de millón de internos en
cada uno de los países. Una característi-
ca destacada en numerosos estudios es
que en la población de internos las tasas
de trastornos psiquiátricos son más ele-
vadas que en la población general, con
patologías entre las que sobresalen la
psicosis, la depresión, los trastornos de
la personalidad y el abuso de sustancias,
que, a su vez, son factores de riesgo que
contribuyen a explicar otra característica
de esta población como son las elevadas
tasas de suicidio, una mortalidad prema-
tura tras la liberación de la prisión y el
aumento de las tasas de reincidencia. Los
estudios epidemiológicos demuestran
el incremento progresivo de enfermos
mentales en instituciones penitenciarias,
con la consiguiente carga asistencial que
provoca y la repercusión social que este
hecho motiva. Las razones son varias y
complejas, entre las que se encuentran
el proceso de desinstitucionalización
que forma parte del programa básico de
cualquier reforma psiquiátrica en cual-
quier país. El cierre de camas hospitala-
rias psiquiátricas que se ha producido de
formamás rápida que la implantación de
recursos asistenciales en la comunidad,
ha sido la causadel abandonodemuchos
enfermosmentales y su redirecciónhacia
instituciones psiquiátricas forenses o ha-
cia el sistema penitenciario. Por tanto, el
aumento de la morbilidad psiquiátrica
en las prisiones puede reflejar una ten-
dencia general dentro de las sociedades
que toleran la insuficiencia de servicios
psiquiátricos en la comunidad.
En estudios publicados sobre mues-
tras de internos en centros penitencia-
rios españoles, la demanda de atención
psiquiátrica en internos se sitúa entre el
9,5 y el 13,8%. Se trata de una población
joven (más del 80% tiene entre 18 y 35
años); la mayoría con estudios primarios
(70%); el 50% son solteros, viven solos o
con su familia de origen y las víctimas de
sus delitos suelen ser personas cercanas
El internamiento judicial del
enfermo mental. El hospital
psiquiátrico penitenciario
Las prisiones se están convirtiendo, cada día más, en los nuevos psiquiátricos. Este
artículo, dividido en dos entregas, realiza un recorrido por los diferentes aspectos
que inciden en esta realidad
o familiares; alrededor del 60% son toxi-
cómanos y el 85% padecen VIH, hepati-
tis o ambas patologías. Los diagnósticos
más frecuentes son: trastornos adapta-
tivos (20%), trastornos psicóticos (20%)
y trastornos afectivos (10%). El núme-
ro de visitas de seguimiento es escaso y
predominan las terapias farmacológicas.
Por lo que respecta al tipo de delito de
estos pacientes, el 64% de los enfermos
cumplen condena por delito de robo y el
11%por delitos contra la salud pública. A
destacar, que se está produciendo en los
últimos años un incremento de pacien-
tes diagnosticados con trastorno de la
personalidad, en los que frecuentemente
coincide el abuso de múltiples sustan-
cias y cuadros psicóticos inducidos por
dicho consumo. Tras la entrada en vigor,
en 2003, de la legislación sobre maltrato,
se aprecia asimismo el incremento de los
ingresos en el ámbito psiquiátrico-peni-
tenciario derivado de delitos de maltrato
en el ámbito familiar. Los pacientes con
trastorno mental suelen dirigir la violen-
cia hacia familiares o personas cerca-
nas. En la práctica, ello se traduce (por
lo general) en internamientos de corta
duración, acompañados de órdenes de
alejamiento. Las dificultades que ello
comporta en el ámbito de la reinserción
socio-familiar son evidentes
Así pues, el incremento de enfermos
mentales en prisiones ha sobrepasado
el campo profesional y se ha convertido
en motivo de debate en los medios de
comunicación. Se estima que las perso-
nas con enfermedades mentales graves
tienen una probabilidad 1,5 veces ma-
yor de ser encarcelados que de ser hos-
pitalizados para el tratamiento de sus
trastornos psiquiátricos. Este dato cons-
tituye una muestra del elevado número
de enfermos mentales en instituciones
penitenciarias, lo que requiere de meca-
nismos de identificación y de desviación
que traten de desplazar delincuentes con
enfermedades mentales desde el sistema
de justicia penal hacia el sistema de trata-
miento de salud mental y programas de
rehabilitación. También nos indican, por
una parte, la necesidad de una coordina-
ción y, de un tratamiento interdisciplinar
y por otra parte, que ni el tratamiento
penal, ni el criminológico, ni el sanitario
de forma exclusiva, son suficientes para
su reinserción y que la rehabilitación del
delincuente debe dirigirse hacia aquellos
factores de riesgoasociados a la conducta
criminal. Es necesario también tener en
cuenta, el grado en que estos individuos
comparten riesgos con los delincuentes
que no tienen enfermedades mentales
graves. Por todo ello, el análisis de la pre-
valencia de la conducta criminal en de-
lincuentes con enfermedades mentales
es necesario por tres razones: en primer
lugar, los datos nos pueden ayudar a co-
nocer la reincidencia en este tipo de de-
lincuentes; en segundo lugar, desde una
perspectiva de diseño de tratamiento, ya
que tales datos podrían ayudar al desa-
rrollo de nuevos enfoques para gestionar
el problema del individuo con enferme-
dad mental grave, que es reiteradamente
detenido, mediante la incorporación de
protocolos de tratamiento específicos
para estos pacientes; finalmente, este
análisis, puede extender el discurso polí-
tico y teórico centrado en los delincuen-
tes con enfermedades mentales desde
una foco exclusivamente situado en ne-
cesidades como personas con alteracio-
nes psiquiátricas, a otro centrado en la
reincidencia y coexistencia de la enfer-
medad junto a la propensión delictiva.
Los hospitales psiquiátricos peniten-
ciarios son centros especiales destinados
al cumplimiento de las medidas de se-
guridad privativas de libertad a internos
diagnosticados con trastornos mentales.
Las personas ingresadas en estas institu-
ciones han sido consideradas inimputa-
bles por presentar cualquier anomalía o
alteración psíquica, que les impide com-
prender la ilegalidad del hecho delictivo.
En estos centros predomina la función
asistencial, coordinada por un equipo
multidisciplinar compuesto por psiquia-
tras, psicólogos, médicos generales, en-
fermeros, trabajadores sociales, educado-
res y terapeutas ocupacionales, que son
los encargados de garantizar el proceso
de rehabilitación del interno conforme al
modelo de intervención biopsicosocial.
En estos hospitales psiquiátricos no exis-
te el sistema de clasificación en grados
de tratamiento previsto para los centros
ordinarios de cumplimiento de penas y el
objetivoprincipal es conseguir la estabili-
zación psicopatológica de los pacientes y
la reducciónde su peligrosidad, todo ello,
como paso previo a una posible sustitu-
ción de la medida de seguridad privativa
de libertadpor unamedida de tratamien-
to ambulatorio en la comunidad. Para
conseguir este objetivo, además de con-
tar con un extenso programa de activida-
des rehabilitadoras - asistencia psiquiá-
trica y psicológica, terapia ocupacional,
actividad educativa y formativa, deporte,
salidas terapéuticas al exterior, asistencia
a familias, etc.,- se precisa de la colabo-
ración de las instituciones sanitarias y
sociales de la red pública que son las en-
cargadas de continuar con el tratamiento
y seguimiento del enfermo mental en el
seno de la comunidad. La permanencia
de un paciente en el hospital psiquiátri-
PRIMERA PARTE
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