ENFOQUE
JURÍDICO
11
Número 4
octubre 2016
co penitenciario no puede sobrepasar, en
ningún caso, el tiempo máximo de pena
fijado en la sentencia.
El art. 101.1 del CP establece que la
medida de internamiento lo es “para
tratamiento médico”. El legislador penal
no contempló un espectro más amplio
de intervención, pero ha de tenerse en
cuenta que el proceso rehabilitador for-
ma parte integral de toda actuación en
salud mental. La medida privativa de li-
bertad (internamiento para tratamiento
médico), debemos entenderla en ausen-
cia de otra que pueda ser más adecuada.
En aquellos casos en los que se opta por
el internamiento, el sujeto o bien cum-
ple completamente la medida impues-
ta o bien es sustituida por otra que no
lo es, como es la libertad vigilada a que
alude el art. 96.3.3.ª CP, en sumodalidad
de seguimiento de tratamiento médico
externo o de sometimiento a un control
médico periódico (art. 106.1.k del CP).
LA VIOLENCIA
La violencia es un fenómeno interper-
sonal y social que afecta de forma grave
al bienestar y la salud de los individuos.
Provoca una importante alarma social y
una reacción de rechazo e intolerancia
generalizada, agravada a menudo por
los medios de comunicación, por lo que
tanto los responsables de las institucio-
nes, como los expertos interesados en
este ámbito, buscanmedios para su pre-
vención. En cualquiera de sus formas y
tipos, genera una enorme preocupación
en todas las sociedades modernas, en
las que el grado de bienestar y desarrollo
convierte a este fenómeno en una cau-
sa grave del deterioro de la convivencia.
Constituye un fenómeno social muy co-
mún, pero del que aún desconocemos
muchos aspectos críticos para afrontar
su prevención y eliminación. Se sabe
que es reiterativa y que, en alguna de sus
formas, como es el caso de la violencia
de género, alcanza niveles de extensión
y reincidencia que se pueden calificar
de “pandémicos”. Entre las estrategias
más útiles para su control se sitúa la
prevención y, a la cabeza de esta labor,
las técnicas de predicción constituyen
el primer paso para tratar la violencia
a nivel del caso individual y evitar su
continuidad o cronicidad. El concepto,
sus causas y consecuencias convocan a
juristas, criminólogos, profesionales de
la salud, expertos en conducta y traba-
jadores sociales, que desde un marca-
do carácter interdisciplinario, intentan
encontrar soluciones eficaces. Afecta a
la convivencia social y como problema
de “salud pública” supera en mucho el
tema de la delincuencia a la que, natu-
ralmente, integra.
Las soluciones para evitar la violen-
cia se reclaman a distintos ámbitos del
conocimiento: a los profesionales de la
salud, psiquiatras y psicólogos, por la
creencia extendida de que se encuentra
estrechamente vinculada a la enferme-
dad mental, el consumo de alcohol y
otras drogas, así como a otros factores in-
dividuales como el autocontrol o la agre-
sividad; se pide a los sociólogos y traba-
jadores sociales que aporten soluciones
desde sus competencias para este grave
problema asociado a los factores de ries-
go social, tales como la marginalidad, la
pobreza, las actitudes pro-violentas, etc.;
también los educadores y los profesio-
nales de la educación están llamados a
esta colaboración porque la prevención
escolar y a edades precoces puede resol-
ver en parte la aparición de comporta-
mientos violentos. Pero los profesionales
que adquieren un mayor protagonismo
son todos aquellos directamente rela-
cionados con la gestión y el control de
la delincuencia: criminólogos, juristas,
policías, personal penitenciarios, etc. La
razón es más que evidente: las acciones
violentas son una forma de comporta-
miento social, consideradas como delito
en casi todas las leyes y códigos penales
vigentes en las sociedades avanzadas y,
por tanto, la conducta violenta es causa
de persecución, detención, juicio y con-
dena de sus autores. En este sentido, la
preocupación por la violencia ha impac-
tado directamente sobre la criminolo-
gía y sus profesionales, ya que si bien la
delincuencia violenta siempre les había
interesado, desde hace unos años ocupa
un lugar preeminente. El análisis y abor-
daje de este fenómeno ha tenido un tra-
tamiento científico muy limitado, y no
ha sido hasta hace pocos años cuando
se ha convertido en objeto de análisis y
de estudio científico creciente.
EL COMPORTAMIENTO ANTISOCIAL
Se puede definir como un patrón ge-
neral de desprecio y violación de los
derechos de los demás que comienza
en la infancia o durante el principio de
la adolescencia y continúa en la edad
adulta. Es un fenómeno muy amplio
que incluye distintos tipos de accio-
nes, entre las que destacan diferentes
tipos de agresión, robos, engaños, con-
ductas impulsivas, ultrajes y violencia
entre sus diferentes manifestaciones.
Estos comportamientos se pueden
manifestar tanto en el ámbito clínico
como normativo. En la literatura cien-
tífica hay una continua confusión en
referencia a los términos “agresión”,
“agresividad” y “agresión impulsi-
va”. Las consecuencias de todos estos
comportamientos se traducen en una
grave preocupación social, ya que
constituyen el núcleo de la delincuen-
cia violenta.
LOS DELINCUENTES VIOLENTOS
Con frecuencia, se identifica el compor-
tamiento violento con el delito u otra for-
ma de comportamiento antinormativo y
antisocial a delincuencia violenta, en la
medida en que se caracteriza principal-
mente por sus lesivas consecuencias en
las personas, es objeto de una especial
preocupación y es motivo de una espe-
cial sensibilidad en el ciudadano. Los
delitos violentos provocan un profundo
impacto en la memoria social y tienen
efectos en la forma de pensar acerca de
la delincuencia en cada momento his-
tórico, por lo que su prevención, algo
factible por medio de la valoración del
riesgo de reincidencia violenta, tiene una
destacada importancia. La delincuencia
violenta es un tipo de delincuencia que
representa un problema social de primer
orden. No es el tipo más habitual, pero
tiene una influencia determinante en
la política criminal. Cada cierto tiempo,
noticias que aparecen en los medios de
comunicación sobre graves delitos co-
metidos por individuos con permiso car-
celario o ex-carcelados o por enfermos
mentales dados de alta de hospitales
psiquiátricos o en tratamiento ambula-
torio, sacuden el debate social y reavivan
la preocupación ciudadana. La reciente
puesta en libertad de sujetos que co-
metieron graves delitos violentos, como
consecuencia de la denominada Doctri-
na Parot, ha intensificado la polémica so-
bre la reinserción social y el control penal
de sujetos, que aun habiendo cumplido
sus penas, siguen siendo considerados
como peligrosos. Estos hechos unidos a
una acrecentada actitud de intolerancia
colectiva hacia el riesgo de reincidencia
violenta, se traducen en una exigencia
de rigor y transparencia en las decisio-
nes sobre permisos carcelarios o excar-
celaciones de estos individuos. Dentro
del grupo de los delincuentes violentos
se encuentran aquellos que concitan el
interés de los medios de comunicación,
de la literatura “negra” y de las salas de
cine. Nos referimos a los “asesinos en
serie”, los “predadores sexuales”, los “ase-
sinos de masas” y otros delincuentes
excepcionales. Sin embargo, estos indi-
viduos, siendo desgraciadamente reales
y que se convierten en casos de gestión
penitenciaria compleja, no representan
el modelo del delincuente violento, sino
casos extremos de personas en las que
la mezcla de patologías mentales, so-
ciales y colectivas junto con circunstan-
cias socio-familiares muy infrecuentes,
pero concomitantes, dan lugar a estos
delincuentes violentos tan impactantes
socialmente y que tanto eco mediático
reciben. A su vez, la realidad demuestra
que los delitos violentos son infrecuen-
tes, sin embargo sirven de paradigma de
la delincuencia. Esta realidad provoca
muchas confusiones y mitos, como por
ejemplo el de la elevada reincidencia de
los agresores sexuales, que, como grupo,
tienen tasas de reincidencia medias o
bajas.
LA PELIGROSIDAD CRIMINAL
Peligrosidad significa “cualidad de peli-
groso” y, de forma más restringida, peli-
grosidad criminal es la tendencia de una
persona a cometer un delito (probabili-
dad de comisión de actos delictivos fu-
turos), evidenciada generalmente por su
conducta antisocial. El estado peligroso
se puede definir como una situación en
la que por los factores de disposición y
de ambiente, en su mutua compenetra-
ción, el individuo se constituye poten-
cialmente como un ser con probabilida-
des de delinquir, o, al menos, de turbar el
orden social, establecido por el derecho.
Se trata de un juicio de probabilidad,
una valoración del riesgo, que, aunque
constituye un concepto esencialmente
criminológico, es tema de especial rele-
vancia para el experto que emite infor-
mes sobre prognosis de comportamien-
to futuro, generalmente, los psicólogos o
psiquiatras forenses.
LA VALORACIÓN DEL RIESGO
Vivimos en la “sociedad del riesgo” y la
preocupación por el peligro de que se
produzcan determinados fenómenos y
sucesos se ha convertido en una preocu-
pación social de la que se hacen conti-
nuamente eco los medios de comunica-
ción. Numerosas disciplinas se interesan
por el riesgo, que está en la base de la
predicción y de la prevención de sucesos
y que se puede definir como: “un peligro
que puede acontecer con una cierta pro-
babilidad en el futuro, que no compren-
demos totalmente sus causas o éstas no
se pueden controlar de forma absoluta”.
Hablamos de “riesgo de violencia” como
concepto alternativo al de peligrosidad y
tiene una utilidad similar para la Crimi-
nología. La investigación criminológica
proporciona una detallada información
sobre los factores de riesgo y su dinámi-
ca; de esta información se nutre la valo-
ración de riesgo de violencia en su faceta
predictiva y también preventiva.
Milagros Piedad Lopez Martínez
es Doctora en Derecho y Licenciada
en Criminología.
La realidad demuestra que los delitos violentos
son infrecuentes y, sin embargo, sirven de
paradigma de la delincuencia.
Uno de los factores que justifica el incremento de
enfermos mentales en prisión es la insuficiencia
de servicios psiquiátricos en la sociedad