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El preso Rafael Granados corrió más de nueve horas en la cárcel de Córdoba.

Fuente: El País.es

Carrera 100kmExtramuros, se oían ayer los aplausos y ánimos de los reclusos. Dentro de la Prisión Provincial de Córdoba, Rafael Granados Flores, de 29 años, corría desde hacía siete horas. Eran las cuatro de la tarde y en la cabeza de este cordobés, que entró en la cárcel el 15 de diciembre de 2004, sólo cabía una idea: seguir corriendo hasta conseguir completar 100 kilómetros.

Rafael ya tiene experiencia en grandes distancias. Ha subido al Angliru y al Mulhacén, ha ganado competiciones de campo a través... Es atleta de ultrafondo, un especialista en distancias que superan los 42,195 kilómetros de que consta un maratón, pero nunca se había enfrentado a una prueba de 100 kilómetros.

Los 100.000 metros los tuvo que hacer dentro de la prisión, dando vueltas alrededor del campo de fútbol. "Es la primera vez que se realiza una prueba de este tipo dentro de una cárcel", dijo ayer Domingo García, el atleta paralímpico que representa y ayuda a entrenar a Rafael en el penal.

Para completar la prueba, el preso dio 400 vueltas al campo de fútbol de la prisión, que tiene una cuerda de 250 metros. "Es como un mulo atado a una noria", dijo Lorenzo Martín, uno de los monitores que trabajan con los reclusos.

Pasadas las 18.30, Rafael terminó. Tardó nueve horas, 29 minutos y 51 segundos.

Durante todo el recorrido, estuvo acompañado por atletas de la provincia y por compañeros reclusos que se iban turnando para que no corriera solo. La mayoría de los presos eran marroquíes. Rafael, tras completar la distancia, quiso agradecerles su apoyo: "Sin ayuda de ellos no podría haber terminado (...) Esto es un equipo, lo que pasa es que yo he tenido la suerte de ser el líder en esta ocasión".

Los últimos metros de la prueba, organizada por el centro penitenciario y la Junta de Andalucía, los hizo Rafael cogido de la mano de su hijo Erix, de cinco años. Su esposa, Ana, le animaba desde la meta. Un metro antes de completar los 100 kilómetros, Rafael se paró. Cogió a su hijo en brazos y cruzó la línea de llegada.

La historia de Rafael, en los últimos años, es de superación. En la madrugada del 21 de diciembre de 2000, disparó con una escopeta a un socio con el que tenía algunos negocios, supuestamente porque le acosaba. Rafael era toxicómano. Ingresó en prisión a los pocos días y de allí salió seis meses después al lograr una libertad provisional bajo fianza. Se desenganchó de las drogas tras su paso por la cárcel, consiguió un empleo y rehízo su vida con Ana y su hijo. Comenzó también en el centro penitenciario a practicar el atletismo y acabó por convertirse en uno de los mejores de la provincia en su categoría.

Pero Rafael todavía tenía pendiente con la justicia "el incidente", como lo llama su mujer. En diciembre de 2002, se le condenó a 12 años, pena que el Supremo redujo a ocho, lo que le obligó a regresar a la cárcel.

En enero de 2005, cuando ya estaba cumpliendo la condena, se creó en Córdoba una plataforma para pedir su indulto. Incluso todos los miembros de la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Córdoba apoyaron esta petición a instancias del portavoz municipal del PSOE, Antonio Hurtado. El argumento que se esgrimió entonces es que no tenía sentido que permaneciera en la cárcel una persona que ya estaba reinsertada.

Ahora, Rafael y su mujer esperan que, al menos, se le conceda el tercer grado. Mientras, él sigue entrenándose, preparando nuevos desafíos, buscando, cotidianamente, la superación. Como ayer.

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