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José Ramón López, presidente de ACAIP: "Somos el patito feo del Ministerio del Interior"

Diario el Mundo

 

José Ramón López, presidente del sindicato mayoritario de prisiones ACAIP, radiografía la situación "insostenible" que se vive en las cárceles españolas y lo hace en la festividad de La Merced, patrona del Cuerpo de Prisiones. Afirma con rotundidad que no tienen nada que celebrar, que los problemas crónicos siguen intactos y que desconexión con la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias y el Ministerio del Interior es manifiesta. Avisa de que habrá más movilizaciones si la situación no se reconduce.

 

Todos los partidos les buscan en periodo electoral... ¿Qué pasa con ustedes el día después de las elecciones?
Hay dos fases. La primera, la de la campaña o precampaña, es en la que los partidos políticos independientemente de su color ideológico te llaman para tener reuniones, para preocuparse de tus problemas, te hacen guiños con declaraciones de apoyo en prensa e incluso introduciendo alguna reivindicación en los programas electorales. Y una segunda, una vez se producen las elecciones y se nombran los gobiernos, en donde las promesas realizadas por quien alcanza el poder no suelen cumplirse y, en cambio, los que se encuentran en la oposición hacen bandera de tus peticiones a través de los mecanismos parlamentario y así hasta el siguiente ciclo electoral en el que, si cambia el resultado, se intercambian los papeles sin ningún pudor.
Como prueba, sus quejas actuales no son nuevas. Ningún gobierno les ha dado solución...
La situación actual en prisiones se remonta al año 2017 en el que este sindicato presentó formalmente conflicto colectivo ante el Ministerio del Interior. En ese momento gobernaba el PP. Desde entonces se han realizado innumerables actos reivindicativos de toda índole: concentraciones, manifestaciones, ruedas de prensa y en el momento más álgido de las movilizaciones se produjo la moción de censura que nombra presidente a Pedro Sánchez.
Tras aquella moción de censura, Fernando Grande-Marlaska se comprometió con los funcionarios el día de la festividad de La Merced a una subida salarial. No cumplió. Tras aquella moción de censura, Fernando Grande-Marlaska se comprometió a una subida salarial ¿Qué pasó?
Junto a él y a Ángel Luis Ortiz, secretario general de Instituciones Penitenciarias, iniciamos una negociación que culminó con una oferta de subida salarial en septiembre de 2018. Sin embargo, fue retirada de forma unilateral por la Administración a los tres días sin ninguna justificación. Nos sentimos absolutamente menospreciados, el patito feo del ministerio, con innumerables problemas a solucionar pero que, quizás debido a nuestra escasa importancia cuantitativa y porque no le resulte rentable al Gobierno de turno, no se resuelven.
¿Cómo son las relaciones actuales con la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias?
Distantes. De hecho, no acudimos a ningún ámbito de negociación en Instituciones Penitenciarias porque hemos comprobado que las Mesas de Negociación se han convertido en instrumentos de información, en dónde la Administración nos dice que va a hacer sin tener en cuenta la opinión de los representantes de los trabajadores imponiendo al final su criterio. Se puede decir que nos sentimos engañados y decepcionados. Ha habido una situación de absoluta inpetitud por parte de los gestores de Instituciones Penitenciarias. Tenemos claro que si las cosas no se solucionan vamos a presionar todo lo que podamos.
Las agresiones a funcionarios son un problema crónico que va a más y nadie pone remedio. ¿A qué lo atribuye?
Es uno de los grandes problemas y la Administración no pone todo lo que debería para solucionarlo. En lo que va de año, 105 compañeros han sufrido lesiones. Por eso, ACAIP-UGT ha retirado su firma del Protocolo Específico de actuación frente a las agresiones en los centros penitenciarios y centros de inserción social dependientes de la Secretaria General ya que desde 2017. Es increíble que en este momento temporal los funcionarios penitenciarios no tengamos el carácter de Agente de la Autoridad, que garantizaría, en caso de agresión, unas condenas mayores a las personas que las cometen y si lo tengan, en cambio, dicho sea, con todos los respetos, los maestros o los sanitarios, e incluso los maquinistas de Renfe como ha declarado el Gobierno recientemente.
¿Por qué no se soluciona un problema que arroja cifras tan escandalosas año tras año?
En primer lugar, por el gran número de vacantes existentes, cerca de tres mil, que provoca, por un lado, un menor número de funcionarios trabajando y, por otro, no tener todos los módulos abiertos en determinados centros o al no haber suficiente personal. .A esto se suma lo que denominamos' buenismo', es decir, la tendencia a incrementar regímenes penitenciarios menos rígidos, favoreciendo a internos que, en nuestra opinión no lo merecen. Nosotros apostamos por la equidad, y dar a cada interno la clasificación y el grado penitenciario que le corresponda a su comportamiento. El resto, el maquillaje de estadísticas, únicamente genera problemas.
La salud mental de los internos también se vincula a las agresiones...
Se trata, sin duda, de un problema de primer nivel, porque muchos de ellos se encuentran en módulos ordinarios y si venden o dejan de tomar la medicación pueden generar gravísimos problemas regimentales. Baste recordar, como ejemplo, la brutal agresión a un compañero el pasado 5 de julio en Estremera por un interno con patología psiquiátrica conocido como 'El Nene' que ya cuando entró en prisión, mató a su compañero de celda al discutir sobre quien utilizaba una u otra litera. Si el interno es inimputable, las agresiones no se computan. Otra cosa diferente radica en que las sanciones que se le puedan imponer por sus acciones no se cumplan en función de su situación sanitaria.
Ponga ejemplos prácticos de la precariedad con la que trabajan los funcionarios de prisiones.
Tener que estar en un centro tipo tres funcionarios para dos unidades, lo que supone hacerte cargo de 130 o 140 internos por trabajador; no disponer de sistemas de formación adecuados para las nuevas necesidades de los centros; no ser agentes de autoridad; no poder teletrabajar en los servicios de oficinas porque los sistemas informáticos no lo permiten; mantener una regulación de nuestros cuerpos preconstitucional y una clasificación de los centros penitenciarios de 1989; una absoluta falta de reconocimiento social; no ser indemnizados cuando nos agreden; no disponer de promoción profesional: es muy probable que entres a trabajar en interior y te jubiles en el mismo o similar puesto; no ver actualizadas nuestras retribuciones desde 2005 a pesar de todos los cambios que se han producido en prisiones ...
¿Han servido de algo las huelgas que han hecho?
Las movilizaciones siempre sirven para algo porque te haces oír y trasladas a la opinión pública tus problemas y necesidades; es cierto que cada vez cuesta más que las administraciones reconozcan estas disfunciones y, a veces, parece que no sirve para nada. Pero si no se realizasen, si no hubiese protestas, nunca se cambiaría nada. Estoy convencido de que, al final, conseguiremos el reconocimiento de nuestras demandas.
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