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El acusador público maneja 6.000 expedientes al año y dice que para que el Servicio de Vigilancia Penitenciaria funcionara bien haría falta un tercer fiscal.
Francisco Hernando es fiscal de Vigilancia Penitenciaria en la Audiencia Provincial de Málaga desde marzo de 2004. En esta entrevista, defiende que la reinserción social de los presos no es un mito y aboga por que la provincia acoja una segunda prisión lo antes posible.
-¿Cuáles son las funciones de un fiscal de Vigilancia Penitenciaria?
-Nosotros nos ocupamos básicamente de despachar los asuntos del juzgado de Vigilancia Penitenciaria, que se refieren a recursos que ponen los presos. A salvaguardar sus derechos y a corregir los abusos en que pueda incurrir la administración. Además hacemos visitas a los centros penitenciarios para entrevistarnos con los penados y recibir de primera mano sus quejas y recursos. Nuestra función es jurisdiccional, pero tratamos de controlar la ejecución de la pena desde un punto de vista judicial.
-¿De qué se quejan más los presos?
- Pues de todo. El preso está en una microsociedad dentro de la sociedad. Una sociedad intramuros, y entonces tienen los mismos problemas que tenemos nosotros, digamos los de extramuros, es decir, se quejan de las instalaciones, de si no hay máquina de café, de la suciedad, de que no tienen suficiente ropa. De todo lo que se puede quejar una persona en el exterior, por los problemas que se pueden crear en el interior. Y por supuesto se quejan de cuestiones jurídicas, de sus permisos, de su tercer grado, de su libertad condicional o de su libertad definitiva.
-¿Ha ocurrido aquí alguna vez que al juez se le olvide excarcelar a un preso que ha cumplido su pena como pasó en Motril?
-Que yo sepa no ha ocurrido nunca. El problema de vigilancia es que es un servicio absolutamente urgente. Siempre que entra en Fiscalía o en un juzgado una causa con preso se le da preferencia, la cuestión es que en vigilancia todos los expedientes tienen preso. Se le intenta dar siempre una mayor celeridad, de hecho somos dos fiscales en el servicio y siempre procuramos que haya uno todos los días en Fiscalía. Y, en segundo lugar, los presos están muy pendientes de sus temas.
-¿Cuentan con medios suficientes para cumplir su tarea?
-Nunca son suficientes. Nos gustaría tener un compañero más y otro funcionario, o uno dedicado exclusivamente a vigilancia, para poder controlar todo, llevar la historia de cada preso... pero para eso necesitaríamos una aplicación informática exclusivamente para vigilancia que, me consta se está estudiando, pero que todavía no tenemos. Pero bueno, con lo que tenemos se hace lo que se puede.
-¿Cuál es el volumen de expedientes con el que trabajan ustedes?
-Entre 5.000 y 6.000 expedientes al año. Cada uno de nosotros suele firmar entre 400 y 500 al mes. Un interno puede tener muchos expedientes a lo largo de su estancia penitenciaria, cada vez que le dan un permiso o plantea una queja, esa queja da lugar a un recurso de reforma, que a su vez puede dar lugar a un recurso de apelación, y cuando llegan al tercer grado exactamente igual. Ellos pueden hacer una queja cada vez que quieran, cada petición da lugar a un expediente.
-¿Qué nota le daría a la cárcel de Alhaurín en conflictividad?
-Es buena. Se le puede dar un ocho.
-¿Está tan saturada esa prisión como se dice?
-Está muy saturada. Al doble de su capacidad. Hay una población reclusa de 800 internos y puede haber el doble o más, pero no es mala. Y la prueba es que muchas de las quejas que se nos plantean son traslados de internos. Por ejemplo, cuando la Dirección General por cualquier razón decide trasladar un interno a otro lugar ellos se suelen quejar porque ésta no es una prisión excesivamente conflictiva.
-¿Es la reinserción social un mito?
-No es un mito. Efectivamente hay gente que se reinserta. En la prisión se hace una gran labor en esa materia. Hay una biblioteca, hay talleres donde los presos pueden aprender un oficio, se potencia que los internos estudien carreras, y de hecho se da. Se les deshabitúa de adicciones a tóxicos, drogas o alcohol, se les dota de una normativa conductual que puede ser que no la trajeran del exterior. La labor de reinserción es muy importante. En todas las prisiones, los objetivos de la pena son la reinserción y la reeducación. Evidentemente hay quien no necesita reeducación o reinserción, porque ha podido cometer un delito muy específico en su vida, pero la prisión le puede venir bien para que esa presión que tuvieron en un momento para delinquir se corrija o se debilite. La pena también cumple una función de prevención. En la prisión hay métodos y modos para llegar a la reinserción, hay quien se alfabetiza en ella, hay internos que se han conocido en prisión y se han casado y formado una familia.
-¿Hay estudios sobre el porcentaje de éxito de la reinserción?
-No conozco el estudio. Porque muchos entran y salen y cometen delitos en Barcelona, por ejemplo. El problema es que el delito muchas veces está influenciado por sus circunstancias personales, familiares, sociales o económicas, entonces la reinserción funciona, pero si cuando el preso sale vuelve a los mismos parámetros que lo rodeaban antes, el mismo barrio, o a las drogas, es posible que vuelva a delinquir y eso no se puede controlar fuera de la prisión.
-¿Es la segunda cárcel una necesidad?
-Es una necesidad porque la prisión está sobrepoblada. Y al estar superpoblada produce problemas como éste, que haya dificultades para reinsertar y reeducar. La Constitución dice que todos los internos tienen derecho a un trabajo remunerado dentro de prisión. Ahora mismo eso es imposible. Porque no hay posibilidad de dar trabajo a todos, igual que ocurre en el exterior. Todos los internos quieren trabajar, porque les quita horas de patio y les produce un beneficio, pero no hay trabajo para todos. ¿Otra prisión podría solucionar el problema? Lo atenuaría desde luego.
-¿La sustitución de las penas por beneficios a la comunidad se está reflejando en las sentencias?
-Se está haciendo. En la provincia de Málaga se da cobertura a esas peticiones, hay trabajo para quienes quieren cumplir su pena así. Sí se cubre la necesidad de estas penas específicas, voluntarias y que dan muchos problemas, porque claro, es una pena que consiste en trabajar sin cobrar. Además, la Administración debe asegurar a estas personas, y eso cuesta dinero.
-¿Hay delincuencia dentro de los muros de Alhaurín?
-Hay menos delitos que en la sociedad, siempre hay disfunciones en un ambiente difícil, pero hay pocos hechos delictivos, eso sí, hay conflictos como en todos sitios.