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Un juez dijo que cometieron un delito, pero ni tan siquiera tienen que pisar la prisión. Son 25 jiennenses que saldan sus cuentas con la Justicia atados a una pulsera o una tobillera electrónica, que permite tenerlos localizados de forma permanente. Los reclusos cumplen su condena en casa, mientras que se alivia la masificación de la cárcel.
Fuente: diariojaen.es
La medida se aplica en el Centro Penitenciario de Jaén desde hace más de un lustro. Sin embargo, Interior ha potenciado este sistema en los últimos años, hasta tal punto que en la provincia se han duplicado los presos de tercer grado que se benefician de la pulsera. A mediados del año 2006, eran tan sólo doce los reclusos que se pasaban el día conectados a un dispositivo electrónico que transmite señales a un módem conectado directamente con la prisión. A día de hoy, son 25. Una alarma alerta al funcionario que hace el seguimiento del recluso de que se ha saltado las normas. Es entonces cuando se toman las medidas oportunas.
De la pulsera telemática se benefician los internos a los que se les ha concedido el tercer grado. A partir de ahí, pueden disfrutar del conocido como “régimen abierto”, es decir, si cumplen ciertos requisitos, pueden eludir pernoctar en la cárcel. Los primeros candidatos a estar “enganchados” al dispositivo son los presos con un trabajo en el exterior. También se pueden beneficiar las reclusas con hijos, siempre que no existan “otras alternativas preferibles para los intereses del menor”, y los enfermos convalecientes. Lo que sí está claro es que los propios “usuarios” tienen que aceptar expresamente la aplicación del sistema telemático de control.
Como mínimo, los presos que cumplan su condena en casa bajo control electrónico deben pasar un mínimo de ocho horas sin poder salir de su propio domicilio. Si incumplen esta norma, la pulsera transmite una señal a un módem instalado en el teléfono de la vivienda que, a su vez, pone en alerta al control de la prisión.
En principio, Instituciones Penitenciarias pretendía que el castigo al delincuente se pudieran compatibilizar con la progresiva inserción del penado en la sociedad. No obstante, los sindicatos sostienen que la medida tiene otro objetivo: sacar internos de entre los muros de la prisión para paliar la eterna masificación de las prisiones. Ayer, en el Centro Penitenciario de Jaén, permanecían recluidos 723 reclusos, cuando la capacidad máxima de la cárcel de Las Infantas es de tan sólo 400. La cifra se ha mantenido constante durante los últimos 18 meses, sin que las medidas adoptadas al respecto hayan surtido el efecto deseado.
Llegan ocho funcionarios en prácticas para reforzar la plantilla.
Ocho funcionarios en prácticas han llegado en los últimos días al Centro Penitenciario de Jaén con el objetivo de formarse antes de ser destinados a otras prisiones. Se trata de un número similar al registrado en años anteriores. Fuentes sindicales se han apresurado a asegurar que resulta insuficiente ante el grave problema de hacinamiento que sufre el penal jiennense y las bajas laborales que merman la plantilla, compuesta por unos 350 trabajadores. Uno de los males endémicos de las prisiones españolas es que el número de nuevos funcionarios que se destinan a los centros cada año va aumentado con cuentagotas, mientras que el de internos se dispara de forma alarmante.
Los sindicatos también se han quejado de que las inversiones en personal se destinan en gran parte a tareas administrativas, por lo que el área de vigilancia queda desabastecida.
A finales de mayo o principios de junio el personal en prácticas deberá estar plenamente incorporado a las nuevas prisiones que se pondrán en marcha en distintas comunidades autónomas, ya que un sesenta por ciento de sus plantillas se compondrá de personal de nueva contratación, según explican fuentes sindicales.