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El centro penitenciario de Villabona cuenta con 96 presos internos en tercer grado de los cuales 20 están controlados desde sus casas por pulseras o tobilleras electrónicas, según informaron fuentes de Instituciones Penitenciarias. Estas pulseras se colocan a los presos que están disfrutando del premiso de tercer grado y a punto de cumplir su condena, además de mostrar buen comportamiento.
Fuente: Ine.es LA NUEVA ESPAÑA
El centro penitenciario de Villabona cuenta con 96 presos internos en tercer grado de los cuales 20 están controlados desde sus casas por pulseras o tobilleras electrónicas, según informaron fuentes de Instituciones Penitenciarias. Estas pulseras se colocan a los presos que están disfrutando del premiso de tercer grado y a punto de cumplir su condena, además de mostrar buen comportamiento.
Para acceder al programa de libertad con la pulsera de control telemático, el interno debe disponer en su domicilio de una línea de teléfono convencional. A esta línea telefónica se conecta un módem, que es el que recibe la señal de un transmisor que el preso debe llevar en todo momento. El equipo detecta la señal cuando el interno está cerca, en un radio de 25 a 50 metros.
Estos reclusos, que duermen fuera de la prisión, están «unidos» a un chip que los vigila en todo momento y que fue implantado en el último trimestre de 2001. El sistema los controla para que estén en casa desde las diez de la noche hasta las ocho de la mañana.
El sistema sitúa en todo momento sobre un callejero o un mapa al interno, que es supervisado 24 horas al día por un funcionario a través de un monitor. El vigilante, además, puede comunicarse a través de mensajes cortos escritos con el preso en el caso de incidente. La pulsera permite igualmente establecer «zonas de exclusión» a las que, por ejemplo, los violadores no pueden acercarse sin que salte la alarma.