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Derribar la serie de mitos que rodean al mundo carcelario es una de las tareas más difíciles de llevar a cabo. Y eso lo saben muy bien desde la dirección de Instituciones Penitenciarias. El tratamiento de este mundo en formatos de ficción como la novela o el cine, o el rechazo entre la sociedad que causa todo lo que rodea al delincuente, entre otros motivos, han ocultado todas las innovaciones que han redundado en una mejora de los sistemas de seguridad a la vez que se ha perfeccionado la asistencia a los reclusos de cara a su reinserción social.
Fuente: abc.es
Derribar la serie de mitos que rodean al mundo carcelario es una de las tareas más difíciles de llevar a cabo. Y eso lo saben muy bien desde la dirección de Instituciones Penitenciarias. El tratamiento de este mundo en formatos de ficción como la novela o el cine, o el rechazo entre la sociedad que causa todo lo que rodea al delincuente, entre otros motivos, han ocultado todas las innovaciones que han redundado en una mejora de los sistemas de seguridad a la vez que se ha perfeccionado la asistencia a los reclusos de cara a su reinserción social.
El centro penitenciario «Castellón II», situado a las afueras de Albocàsser y que fue inaugurado oficialmente ayer -aunque todavía no tiene reclusos y falta por completar la plantilla de funcionarios-, es un buen ejemplo de cómo han evolucionado estas instalaciones en las últimas décadas.
La prisión se ajusta al modelo tipo que se está construyendo desde 1995: 1.008 celdas residenciales repartidas en un espacio que ronda los 90.000 metros cuadrados. En total, contando las complementarias, el complejo contará con 1.214 celdas, lo que lo convierte en el segundo en capacidad de la Comunidad tras el de Picassent.
La primera impresión que ofrece a un desconocedor de estas instalaciones nada más cruzar el puente que une el control de acceso con la prisión no es el esperado. Visto desde el patio, la prisión se asemeja mucho a un campamento militar al uso o a un centro educativo. Y es que el aspecto del complejo no está reñido con la seguridad.
La evolución también se aprecia desde el exterior. Las famosas garitas repartidas por cada esquina han pasado a mejor vida. Ahora, la combinación de cuatro barreras, de la vigilancia policial perimetral y de un exhaustivo sistema de cámaras de vídeo ha hecho desaparecer la figura del vigilante apostado con su fusil. Un sistema centralizado en la torre (de 54 metros de altura) basta para abortar las fugas.
La enfermería de la prisión iguala, e incluso supera, el servicio que presta un ambulatorio común. Además, de asistencia en medicina general, el edificio, que cuenta con 64 camas para los ingresos de varios días, ofrece un servicio fijo en las especialidades más comunes: odontología, oftalmología, ginecología y radiología.
Módulos polivalentes.
Dentro del espacio residencial, «Castellón II» cuenta con 12 módulos tradicionales y cuatro polivalentes (ocho serán para hombres y el resto para mujeres). Los polivalentes, novedad en España, están configurados para que se pueda subdividir el edificio en grupos de celdas más reducidos -algo útil cuando se quiere unir a un grupo específico de reclusos-.
Las celdas son las estancias que quizá más se ajusten al concepto popular. Un par de literas con un colchón de poco más de 15 cm, una estantería, tomas para instalar dos televisores, una letrina y una ducha representan el modelo estándar (todos los equipamientos son ignífugos). La calefacción y el agua caliente se consiguen a través de los paneles solares térmicos de las cubiertas.
El ocio y la ocupación de los reclusos suponen el gran avance en los últimos años. Los internos han pasado de ser sujetos pasivos que aguardaban a cumplir su condena a personas con una serie de tareas otorgadas -que tienen que cumplir con un estricto horario- que ayudan a su rehabilitación.
Así, todos los módulos cuentan con gimnasio, campo de fútbol exterior, talleres ocupacionales, espacio de ocio (con futbolín, ping-pong y televisión), peluquería y aula (donde se dan cursos o se estudia a distancia). Para todos, se ofrece un polideportivo, una biblioteca y una piscina.
Además, la cocina, la panadería y la lavandería dan la oportunidad, al margen de los talleres productivos, a 60 internos para trabajar cotizando a la Seguridad Social. Por otro lado, está el edificio de comunicaciones, con salas de videoconferencia, 41 locutorios y 44 salas para visitas familiares y encuentros íntimos.
Los primeros reclusos llegarán a las celdas en septiembre. Las expectativas apuntan a una rápida ocupación. La propia directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, reconoció ayer que las cárceles de la Comunidad se sitúan entre las más saturadas.