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José Ignacio Bermúdez dtor. del Centro penitenciario de topas.
DESDE su llegada a Salamanca no ha dejado de trabajar. Todo con el objetivo de incorporarse cuanto antes a la vida de la prisión que inauguró y que dejó en el año 2006, cuando la directora general de Instituciones Penitenciarias le llamó una buen día para que se convirtiera en el jefe de su gabinete y, al año siguiente, en el subdirector general de Medio Abierto de Instituciones Penitenciarias. El paso por la cúpula penitenciaria le ha servido de mucho, aunque tras dos años ha preferido regresar a Salamanca, a su trabajo y, sobre todo, con su familia.
Fuente: La Gaceta
¿Por qué ha decidido regresar al puesto que ocupó durante más de 10 años?
Ha sido una decisión personal y profesional muy elaborada. Desde un punto de vista profesional, volver a Topas suponía seguir arrimando el hombro, no dejar el barco, seguir en el equipo en la trinchera. Había otras opciones más cómodas, pero hubiera sido muy egoísta por mi parte. Yo estoy muy comprometido con la institución y no sería justo no seguir ahí después del trato recibido y de la confianza otorgada por la directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo.
Y desde el punto de vista personal, he vuelto por la necesidad vital de estar con la familia, con mi mujer y mis hijos.
Tras su paso por la mismísima cúpula de Instituciones Penitenciarias, ¿cómo ve la situación de las cárceles españolas?, ¿y la de Topas en particular con respecto a ellas?
Confirmo que es una situación modélica para muchos países, con sus problemas y dificultades, pero tengo la satisfacción de haber sido testigo de cómo nos reclaman información de muchos países.
Respecto a Topas, se trata de un centro muy consolidado con unas exigencias muy altas que se han mantenido en el tiempo y con una capacidad de respuesta excepcional. Por aquí han pasado decenas de miles de personas y el nivel de rendimiento ha sido siempre alto. En Salamanca puede mucho más la buena gestión de los problemas que los incidentes especialmente conflictivos.
¿Qué es lo primero que ha hecho a su llegada al penal?
Lo primero que hice al llegar a Topas fue atender a una familia que casualmente estaba en la puerta, con motivo de un permiso extraordinario de un interno que tenía a su madre en el hospital.
¿Y qué pasó con el permiso?
Se hizo efectivo ese mismo día.
¿Qué le sugiere la palabra 'sobreocupación'?, ¿cuál sería a su modo de ver la mejor solución?
La sobreocupación es un tema recurrente. Si repasamos las hemerotecas verá que se repite desde hace muchos años, con independencia del número de presos. De nada vale quejarnos, es una realidad que hay que manejar. El sistema penal es duro, la condenas son largas y tenemos que manejar esa situación con inteligencia. La mejor estrategia para ello es incluir mucho dinamismo en la prisión para que los internos ocupen su tiempo y lo hagan de una manera productiva. Hay que transformar los 1.733 internos que a día de hoy —por el jueves, día de la entrevista— acoge la prisión en posibilidades de actuación. Las penas son ahora más largas y como consecuencia la gente está más tiempo cumpliendo condena.
Los sindicatos dicen que las situaciones de violencia contra los funcionarios en las cárceles es consecuencia de esa masificación...
No, las incidencias suelen ser hechos puntuales relacionados con conflictos entre dos o tres personas independientemente de lo que les rodee. De hecho, los incidentes graves suelen ocurrir en los módulos que menos presos tienen y esa es una realidad objetiva.
Si algo le ha caracterizado siempre es su aperturismo en el mundo penitenciario, el hecho de intentar dar todas las oportunidades a los internos para su reinserción, ¿sigue siendo así después de su paso por Madrid?
He visto cosas muy interesantes, en diferentes prisiones hay directores que tienen el listón muy alto y mi reto es acercarme a ellos en este tipo de actividades y a mí me agrada porque en su momento en Topas fuimos la avanzadilla.
Entonces volverá a recorrer el Camino de Santiago con los internos...
La octava edición está de camino, ya está en mi mente.
¿Qué le preocupa?, díganos lo bueno y lo malo del penal que dirige.
Me preocupa el incorporarme cuanto antes a la vida interior de la prisión, el volver a conocerla hasta la última celda porque sólo así se pueden tomar decisiones. Respecto a lo mejor y lo peor, lo mejor es sin duda la plantilla, una plantilla con una profesionalidad y un saber estar muy consolidados y el reto es conseguir mucho dinamismo.