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Los presos etarras no alteran su ritmo de vidaLa Dirección de Instituciones Penitenciarias ha solicitado informes diarios sobre incidencias

El fin de la tregua decidido por la banda ETA no ha alterado hasta el momento el ritmo de los miembros de la organización que cumplen condena en el Centro Penitenciario de Albolote. Fuentes consultadas explicaron que la única novedad procede de la propia Dirección General de Instituciones Penitenciarias que ha solicitado que se le remitan diariamente informes sobre las posibles incidencias que protagonicen los presos etarras.

Fuente: Granada Hoy

El fin de la tregua decidido por la banda ETA no ha alterado hasta el momento el ritmo de los miembros de la organización que cumplen condena en el Centro Penitenciario de Albolote. Fuentes consultadas explicaron que la única novedad procede de la propia Dirección General de Instituciones Penitenciarias que ha solicitado que se le remitan diariamente informes sobre las posibles incidencias que protagonicen los presos etarras.

La prisión de Granada cuenta con alrededor de catorce reclusos etarras, entre ellos algunos tan importantes como el histórico Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, alias Txikierdi, destacado líder del colectivo de presos que participó en las conversaciones de Argel del año 1989, y otros pertenecientes al sector duro como Domingo Troitiño Arranz.

Los presos han recibido con frialdad el fin de la tregua aprobado por la dirección de la banda. Lejos de protagonizar pronunciamientos, huelgas o proclamas los reclusos han seguido con sus actividades diarias, realizando compras en el economato o asistiendo a los talleres ocupacionales.

Esta actitud contrasta con la celebración festiva con la que se recibió el anuncio de la tregua. Entonces, casi todos los presos de la banda terrorista agotaron el saldo autorizado de llamadas telefónicas deseosos de compartir con sus allegados una noticia que fue bien recibida al abrirles las puertas al acercamiento a cárceles vascas y, eventualmente, la excarcelación de alguno de ellos.

Los presos etarras, convertidos en un importante grupo de presión dentro de la organización, mantienen la esperanza de que un acuerdo entre la banda y el gobierno de turno les acerque al País Vasco y, en el mejor de los casos, les dé la libertad.

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