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Antonio Rosado Fernández espera un juicio por robo calificado. Fue preso por primera vez a los 18 años. Ya cumplió ocho condenas. No le dan prisión domiciliaria porque temen que se fugue. Aquí cuenta su vida.
Fuente: DIARIO CLARIN.COM
Mientras le van a avisar que llegaron los periodistas el expediente queda abierto en el escritorio del jefe del penal. Cumplió ocho condenas por robo a mano armada: lo atraparon cinco veces en asaltos a camiones y otras tres en salideras de bancos. Antonio Rosado Fernández es el preso más viejo del Servicio Penitenciario Bonaerense y por esos delitos estuvo 25 de sus 75 años en la cárcel. Los guardias explican que ahora habrá que pasar los controles para encontrarse con él. Habrá que caminar hacia adentro y escuchar cómo la reja de ingreso se cierra detrás.
La entrevista se hizo en uno de los jardines de la Unidad Nº 12 de Gorina, donde está detenido a la espera de un nuevo juicio. Apenas dos minutos después de entrar, aparece Rosado Fernández. No debe medir más de un metro sesenta. Esa estatura no ayuda a imaginarlo al frente de una banda de piratas del asfalto, pero los rasgos de abuelo tierno desaparecen cuando suena su voz cascada. "¿Ustedes son los que me quieren hacer una nota?", se presenta.
A pocos metros dos presos reciben visitas sin que la cámara del fotógrafo les llame la atención. En cambio, los que están adentro se asoman por una de las ventanas para poder ver. Rosado se enciende el primero de los cuatro cigarrillos que fumará durante la charla y comienza a contar su último "problema" con la Justicia. Fue hace tres años cuando, por su edad, le otorgaron el arresto domiciliario. Después de unos días dentro de su casa decidió salir sin autorización y tuvo que volver a la cárcel ya sin ningún beneficio. "Tuve una situación familiar complicada y por eso me tuve que ir. Avisé en el juzgado pero no me quisieron escuchar", se justifica pero sabe que es muy difícil que se la vuelvan a otorgar.
-¿Desde cuándo roba?
-Desde siempre. El día que cumplí los 18 años caí preso y a partir de ahí no paré más. Empecé en serio en los '50, pero antes ya había estado detenido por hurtos.
-La mayoría de sus condenas son por delitos a mano armada.
-Sí, es verdad, pero puede ver que en ninguno de los casos herimos a alguien. Nos tirábamos con la Policía, pero no a la gente. Actuábamos de manera muy distinta a los ladrones de ahora.
-¿En qué se diferenciaban?
-En muchas cosas. Las armas las usábamos para amedrentar y llevarnos el botín. Jamás le íbamos a sacar un peso a un chofer de un camión. Nos interesaba la carga, no el rehén.
-¿Y cómo lo hacen ahora?
-Se trabaja con mucha más violencia. Te pegan porque sí. En muchos casos son pibes jóvenes que trabajan drogados. Le roban el reloj, las zapatillas y la plata que lleva encima el conductor. Y por ahí hasta se enojan y le pegan un tiro. Si vas a robar con armas y tenés que resolver rápido, mejor no tomar ni un vaso de vino. Después hacé lo que quieras.
-¿Cuánto era un buen botín?
-A plata de hoy, llegabas a sacar 200.000 pesos con un camión grande.
-¿Cómo colocaba después la mercadería?
-Lo difícil era robar, no ubicarla. A veces el mismo tipo te pedía un envío y te daba los datos de por dónde iba a pasar el camión. Ya la tenías vendida antes de robarla. El problema con ellos era cobrarle. Eso también era complicado. No eran gente de mucha palabra, se imagina.
-¿Cómo se organizaban las bandas?
-Eran grupos que duraban más tiempo. Tenías confianza en las personas con las que trabajabas. Salvo que uno muriera o cayera preso, el grupo se mantenía. Ellos se encargaban de mantener a mi familia cuando yo estaba preso. Era parte de los códigos del ladrón en los '60 y los '70.
-Usted robó hasta la década del 90, ¿conoció a la gente del "Gordo Valor"?
-Claro, si estabas en el mismo rubro lo tenías que conocer. Pero no teníamos gran trato, él se dedicaba a negocios más grandes. Cada uno en su negocio. Nosotros, a los camiones y ellos a los blindados.
Explica que ganó mucho pero que también gastó mucho. Además asegura que tuvo un BMW, un Mercedes Benz, una 4X4, una Toyota Terios y una Isuzu Trooper. Que supo invertir en propiedades y negocios pero que después de varios desbarranques sólo se quedaron un par de "terrenitos" y un Fiat Duna. "Así como me ven, yo supe tener mucho dinero. Hice plata en serio robando a las droguerías. Pasé un tiempo de gloria, con vacaciones en el verano y todo, pero no fui inteligente y me lo gasté todo en mujeres. Las mujeres son un vicio caro que te puede dejar seco en poco tiempo", se confiesa.
Rosado Fernández recorrió, entre otros, los penales de Caseros, Devoto, Olmos, Mar del Plata, San Nicolás, Ituzaingó, San Nicolás, Córdoba, Rawson. "En provincia estuve en casi todos. En Capital, hasta en la vieja penitenciaría de la calle Las Heras. Pasé momentos delicados en las cárceles argentinas", dice.
-¿Cuál fue la peor?
-Durante las dictaduras militares, nadie quería ir a Olmos, era como un centro de torturas. En la bienvenida te mandaban a las duchas y te metían un chorro de agua helada en el pecho. Si no te caías te daba un paro cardíaco. Se divertían con vos. Te hacían desvestir en medio de la noche y te mojaban los colchones.
-¿Nunca se fugó?
-No, siempre cumplí las condenas. La única vez que sentí la sensación de escapar de un penal fue en Río Gallegos, en plena guerra de Malvinas. En medio de la noche nos vinieron a buscar los guardias porque había amenazas de bombardeos. Salimos todos los presos juntos corriendo por un playón hasta un avión Hércules y nos llevaron volando a Buenos Aires. Fue parecido, con la diferencia de que terminé en Devoto.
-¿Los presos de ahora también son diferentes?
-Pasa lo mismo que con los ladrones. Los que tienen problemas con drogas salen y vuelven a entrar peor de lo que se fueron. Hay que meter preso a los que les venden a los pibes. Que se metan con gente grande que ya sabe lo que hace. Yo tengo una hija de 12 años; si me entero que alguien le vende paco, salgo de acá pero vuelvo por homicidio.
-¿Cuántos hijos tiene?
-Tres. La nena más chica, uno de 48 y otro de 34.
-¿Qué dicen de su vida?
-No mucho.
-¿Lo vienen a visitar?
-De vez en cuando porque tienen que trabajar.
-¿La madre de la nena?
-Cuando viene con ella. No le puedo pedir que siga conmigo. Es una mujer joven y atractiva. Yo entiendo que quiera rehacer su vida. Lo único que le pido es que no meta a un tipo a dormir en la misma casa que mi nena.
-¿Y sus compañeros de banda?
-No, esos están muertos. Los que no murieron en enfrentamientos se murieron por la edad.
-¿Alguna vez pensó en trabajar para alejarse de esta vida?
-Sí, varias veces.
-¿Entonces?
-¿Vos le darías empleo a un tipo que cumplió tantas condenas?
-¿Se acostumbra uno a estar en la cárcel?
-No, se resigna.