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Carne de presidio. La vida de Gabriel R. S. fue un ir y venir por las cárceles españolas desde que cumplió 18 años. Nadie, excepto el médico que le eximió del servicio militar, tuvo en cuenta que sufría una psicopatía. O sus padres, que le perdonaron uno de los tres incendios por los que fue condenado, cuando en su casa de la sierra de Cazorla les metió una bombona de butano encendida en el dormitorio. No pasó nada.
Fuente: Levante
Carne de presidio. La vida de Gabriel R. S. fue un ir y venir por las cárceles españolas desde que cumplió 18 años. Nadie, excepto el médico que le eximió del servicio militar, tuvo en cuenta que sufría una psicopatía. O sus padres, que le perdonaron uno de los tres incendios por los que fue condenado, cuando en su casa de la sierra de Cazorla les metió una bombona de butano encendida en el dormitorio. No pasó nada.
Ayer, en el juicio celebrado en la Audiencia de Valencia, también la víctima le perdonó por haber intentado matarle. «Era un buen chaval, un preso modelo, nada conflictivo y trabajador» , declaró en los pasillos Francisco M. V, presidente de la Asociación Proayuda y Asistencia al Preso Común, quien fue atacado en la sede junto a otro socio, Antonio de F. B., cuando le dieron cobijo tras un permiso penitenciario.
Era el 21 de diciembre de 2005 y Gabriel R. S. salió de la cárcel de Teruel en un permiso penitenciario de Navidad, tras cumplir siete años de condena por asesinar a una mujer. Ayer aceptó los hechos y otros nueve años de cárcel.