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La reclusa no puede tener permisos y la dirección la dejó salir sin comunicarlo.
Fuente: El Adelanto de Salamanca
La prisión de Topas concedió en Nochevieja un permiso ilegal a la abogada que se encuentra recluida en el centro penitenciario por no permitir que su ex pareja viera a su hijo incumpliendo cuatro órdenes judiciales. Según ha podido saber este periódico, la mujer, M. J. B. B., que lleva presa desde octubre, está condenada a tres años y cuatro meses de cárcel por desobediencia judicial.
La letrada no puede obtener un permiso penitenciario hasta que no cumpla un cuarto de la condena impuesta, es decir, a los diez meses de estar presa, agosto. Sólo podría conseguirlo de manera extraordinaria, si cumpliera alguno de los requisitos como la muerte de un familiar o enfermedad, por ejemplo.
Pero tal y como informaron las fuentes a este periódico, la letrada abandonó el Centro de Inserción Social de Zamora durante unos días de las navidades. Además, ésta no es la única "ilegalidad" que se comete en este caso, sino que la dirección de Topas no comunicó la salida ni a la dirección general ni al juez responsable de su caso y de su vigilancia, nadie supo que esa mujer iba a abandonar la prisión unos días. De hecho, en su expediente no consta ninguna salida de la cárcel.
Por otro lado, el Centro de Inserción Social de Salamanca, dependiente de Topas, cerró sus puertas en Navidad sin que nadie vigilara el centro y enviando a los reclusos al centro penitenciario, cuando no tienen que estar ahí.
Fuentes consultadas informaron que desde el 24 hasta el 28 de diciembre el CIS salmantino estuvo cerrado. La mayoría de los presos que residen en él obtuvieron un permiso penitenciario, pero otro, que no lo pudo conseguir, pasó las navidades en la macropenitenciaría. Este preso no era de tercer grado, algo que impidió la tramitación de su permiso.
El edificio oficial quedó así sin inquilinos y sin vigilancia durante al menos cuatro días del periodo festivo navideño.
Las quejas sobre los dos CIS dependientes de la prisión de Topas han salido a la luz pública en más de una ocasión. Así, se ha criticado la inseguridad y la falta de personal que existe en los Centros de Inserción Social, que además de albergar a internos que alcanzan el tercer grado, en la actualidad acogen también a los de segundo. Ante la masificación existente en la cárcel de Topas y la imperiosa necesidad de reducir el número de presos, se han destinado internos en segundo grado de tratamiento a ambos Centros de Inserción Social.