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Cuatro semanas de vértigo en la prisión de Topas

Ay cronologías que hablan por sí solas. La prisión de Topas ha vivido cuatro semanas de vértigo y todo indica que la racha va a continuar. El 21 de septiembre un fallo en el suministro eléctrico causó problemas en los sistemas de seguridad.

Fuente: Tribuna de Salamanca

Ay cronologías que hablan por sí solas. La prisión de Topas ha vivido cuatro semanas de vértigo y todo indica que la racha va a continuar. El 21 de septiembre un fallo en el suministro eléctrico causó problemas en los sistemas de seguridad. Durante una hora no pudieron abrirse las puertas de las celdas o comunicarse por los interfonos, aunque no se registraron incidentes.

Tres días más tarde, con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced, patrona de Instituciones Penitenciarias, el director de la cárcel salmantina, José Ignacio Bermúdez, aprovechaba la ocasión para lanzar un mensaje tranquilizador, asegurando que el penal no sufre una mayor conflictividad por el volumen de población y que la sobreocupación del centro “es aceptable”. Por su parte, el subdelegado del Gobierno, JesúsMálaga, vaticinó una mejora de la situación de Topas gracias a la creación de nuevos penales en España con capacidad para 3.000 personas. Las previsiones oficiales volvieron, una vez más, a darse de bruces con la realidad. La respuesta sindical a las voluntariosas declaraciones de los responsables del centro no se hizo esperar, revelando Acaip que el 20 de septiembre se produjo una multitudinaria pelea debido a la cual trece internos fueron atendidos por los servicios sanitarios. El informe de los funcionarios de prisiones no deja lugar a dudad. La mitad de los reos toma medicamentos relacionados con enfermedades psiquiátricas, a lo que hay que sumar el elevado porcentaje que ingiere diariamente su dosis de metadona. Ello provoca que los médicos se vean obligados a dar el alta a presos con graves patologías para dejar el sitio libre a otros compañeros. Ante esta situación, se suceden las peticiones de cambios de ubicación entre los reclusos que tienen que convivir con personas de carácter violento y con sus facultades mentales mermadas.

Quienes califican de alarmista este análisis debieran recordar que el pasado mes de mayo un preso marroquí acabó con la vida de un joven con quien compartía celda. El 29 de septiembre tuvo lugar un nuevo incidente, propio de las películas de Berlanga. Un grupo de internos robó en el economato del centro penitenciario tras realizar un butrón en una de sus paredes.

Veinticuatro horas después, se produjo otra reyerta masiva cuando los reclusos intentaban llegar a un acuerdo para repartirse el botín, principalmente, las cajetillas de tabaco sustraídas. El 12 de octubre se escribió un nuevo episodio de esta triste cronología, con una multitudinaria pelea protagonizada, principalmente, por rumanos y musulmanes, en la que se utilizaron barrotes de hierro y pinchos de considerables dimensiones. El módulo en el que se registraron las agresiones era vigilado por una sola funcionaria, que tuvo que ser ayudada por otros compañeros de servicio.

El último capítulo, por ahora, de esta historia deja un suave aroma a aguardiente. El pasado jueves un preso fue hallado inconsciente, debido a una intoxicación etílica. Los internos fabrican habitualmente licor casero con fruta seca a la que se añade levadura procedente del pan horneado en las cocinas. En los pertinentes registros los funcionarios han llegado a requisar hasta 200 litros, pero la destilería de Topas funciona a pleno rendimiento.

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