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Los suicidios son la primera causa de muerte no natural en las prisiones, donde cada vez hay más enfermos mentales.

Fuente: diariovasco.com

La muerte de Abdel Karim El Ddah ha vuelto a sembrar la alarma en la prisión de Martutene. El joven saharaui se quitó la vida el pasado 16 de diciembre en su celda, afectado «por una importante alteración psíquica que le llevó a autolesionarse en varias ocasiones», según la versión de SOS Racismo y de la asociación Salhaketa. Los responsables penitenciarios han sido preguntados al respecto pero no respondieron a la invitación antes de publicarse el reportaje.

El caso de Abdel es la historia de una muerte anunciada, dicen estas asociaciones, que cifran en 22 las personas muertas por circunstancias no naturales en los dos últimos años en las prisiones de Euskadi y Navarra, incluidos los residentes en la CAV internos en otros penales del Estado.

La mortalidad en las cárceles preocupa también a Instituciones Penitenciarias. Su directora, Mercedes Gallizo, encargó un informe al respecto al poco tiempo de tomar posesión de su cargo en 2004. Los resultados son obvios. Después de las muertes naturales, los suicidios se han convertido ya en la primera causa de defunción en los centros, por encima de las peleas y de las sobredosis de droga. Entre las causas, los técnicos penitenciarios apuntan a la reforma legislativa de 2003, que obliga a un «cumplimiento de las penas mucho más severo, con la implantación de periodos de seguridad, alargamiento del tiempo efectivo de cumplimiento y dificultad de beneficios penitenciarios». A este cóctel hay que añadirle la creciente población reclusa con graves problemas mentales.

«Es un problema que se da en todos los centros penitenciarios y que refleja una situación que también existe en el resto de la sociedad, con cada vez más patologías mentales. Si esto, encima, ocurre en unas instalaciones en condiciones mínimas, acaba sin solución», explican desde el sindicato de prisiones Acaip.

Los colectivos consultados aseguran que el penal de Martutene no está preparado para atender a este tipo de presos. Según estas fuentes, el psiquiatra pasa consulta «una vez a la semana o cada quince días» y acude en casos de emergencia.

«Una vergüenza»

«Los suicidios en prisión son una auténtica vergüenza», añade Luis Miguel Medina, capellán de la cárcel, quien confirma que «las enfermedades mentales, la mayoría derivadas del consumo de drogas, están aumentando. Claro que se podrían evitar algunos suicidios, pero con un programa de prevención eficaz».

Desde ELA también se muestran preocupados ante esta «realidad sangrante» y reclaman «centros más pequeños y humanizados, para poder dar una atención más individualizada», así como unidades psiquiátricas «con todas las garantías del mundo». «A un enfermo psiquiátrico, que está cumpliendo una pena, le tiene que atender un psiquiatra y en Martutene no hay uno de continuo», prosigue Javier del Moral, del citado sindicato. Recuerda que la cárcel «es consecuencia de múltiples fracasos sociales»; por eso pide mayor implicación de las instituciones y de la sociedad para apostar por políticas preventivas, ya que, a su juicio, la mayoría de los delitos son consecuencia de problemas de drogadicción. Los trabajadores confirman que los suicidios de los presos «preocupan, y mucho. Tienen que estar mejor atendidos».

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