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Antonio Guerrero Fontalba: A este penitenciario le va la marcha

JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA La vida es una vieja jugadora de póquer que a veces te hace guiños a destiempo. Lo mejor es saber encajar y mirar hacia delante, porque el camino andado queda siempre atrás. No hay solución. Eso debe pensar estos días Antonio Guerrero Fontalba, el director de la prisión provincial de Málaga, quien cesará el lunes en sus funciones para hacerse cargo de la cárcel gaditana Puerto 1. A punto de cumplir 62 años (Málaga, 11 de junio de 1948), asume un destacado reto tras más de 40 años dedicado a la función pública en el ámbito de las prisiones del Estado. "Nunca pensé que iba a ir a otro sitio. Como funcionario y como malagueño siempre pensé que me iba a retirar en Alhaurín de la Torre. Pero está visto que nunca se puede decir ´esto ya es lo último´. Me apetece el reto e iré tres años a Cádiz para disfrutar, porque yo me divierto con mi trabajo", explica sonriente.

Fuente: laopiniondemalaga.es

JOSÉ ANTONIO SAU. MÁLAGA La vida es una vieja jugadora de póquer que a veces te hace guiños a destiempo. Lo mejor es saber encajar y mirar hacia delante, porque el camino andado queda siempre atrás. No hay solución. Eso debe pensar estos días Antonio Guerrero Fontalba, el director de la prisión provincial de Málaga, quien cesará el lunes en sus funciones para hacerse cargo de la cárcel gaditana Puerto 1. A punto de cumplir 62 años (Málaga, 11 de junio de 1948), asume un destacado reto tras más de 40 años dedicado a la función pública en el ámbito de las prisiones del Estado. "Nunca pensé que iba a ir a otro sitio. Como funcionario y como malagueño siempre pensé que me iba a retirar en Alhaurín de la Torre. Pero está visto que nunca se puede decir ´esto ya es lo último´. Me apetece el reto e iré tres años a Cádiz para disfrutar, porque yo me divierto con mi trabajo", explica sonriente.
Y es que tiene una complicada papeleta. El penal Puerto 1 es un presidio para reos de primer grado, es decir, aquellos que han cometido delitos más graves y que tienen escasas posibilidades de reinserción. "Es un centro de régimen cerrado en el que no hay permisos, pero puede haber progresiones de grado. Allí tienen la posibilidad de ir a penitenciarías más abiertas y de avanzar en su proceso de recuperación. Está claro que la cárcel no es un pozo al que caes y del que ya nunca más puedes salir. De ese pozo se sale, lo tengo claro", recalca.
Asumida la noticia y masticado el futuro, Antonio Guerrero tiene dos ilusiones en el futuro inmediato: poder culminar con éxito el trabajo que ahora inicia –"no es una imposición, sino una propuesta de la Secretaría General que yo he aceptado"– y verle la cara a su cuarto nieto, que nacerá en poco más de una semana. "Ya soy abuelo de tres chiquillos, bueno, cuatro con la que viene. Y tengo tres hijos", dice.
Su padre era guardia civil, lo que obligó a que la familia se trasladara a Ceuta cuando él contaba con cinco años. Antes había pasado por Benajarafe y Alpandeire. Pero su progenitor fue trasladado a Chauen (Marruecos). La familia se quedó en la localidad norteafricana, mientras el padre trabajaba en el municipio marroquí. Allí estudió el bachillerato, para marchar después a Zaragoza con el fin de culminar la carrera de matemáticas, que dejó en primero. "Dejé los estudios porque era una época mala. No había dinero y tenía que trabajar", reseña.
¿Qué hizo? Le dio por prepararse para funcionario de prisiones, cuerpo al que entró en octubre de 1970. "He sido de todo: funcionario de vigilancia, jefe de centro, educador, jefe de servicio, administrador, subdirector de régimen, de seguridad y, desde octubre de 2006, director de la prisión", indica.
Él no quería desempeñar funciones directivas. Antonio prefiere trabajar con los presos en la sombra, siempre buscando la reinserción, "que es posible, se diga lo que se diga". Pero entonces apareció Ángel Herbella, quien dirigió la cárcel hasta la ascensión de Guerrero. La amistad surgió en complicadas circunstancias, cuando las avalanchas de presos de las operaciones ´Nilo´, ´Ballena Blanca´ o ´Malaya´ estaban a la orden del día. Después, Herbella fue reclamado en Madrid y Antonio se quedó aquí, en su casa, para dirigir la prisión que mejores momentos le ha dado en lo personal. "Herbella es el responsable de mi vuelta al mundo directivo", apostilla.
Ha pasado por infinidad de penales: Carabanchel, Puerto de Santa María –el penal viejo–, Cartagena (Murcia), Martutene (San Sebastián), de nuevo Cartagena, Ceuta y Málaga, presidio al que llegó en 1994. "Volver ahora al Puerto de Santa María supone cerrar el círculo. Aguantaré los tres años que quedan, salvo que deba irme antes", reflexiona. El que resiste, vence, que diría el maestro Camilo José Cela.
Ha habido de todo en su carrera: momentos buenos y malos, pero Guerrero entiende la vida como un continuo, como algo que fluye sin explicación pero con motivo. "Yo soy feliz en el día a día y me siento bien si mis funcionarios y los presos responden", aclara. Su marcha de Málaga se hizo oficial el jueves. Su sustituto en Alhaurín, Juan Antonio Marín, llegará al penal el día 26. "Lo recibiré, claro". Dice que no va a inventar nada en Cádiz, sino a continuar el trabajo empezado. El destino es el carácter.

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