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Los funcionarios de la cárcel de Topas denuncian la situación de alarma del centro

Los internos de Villabona echan mano de ventanas, sillas, estanterías y bicicletas estáticas para crear ´pinchos carcelarios´ Los esconden en almohadas, colchones, papeleras e incluso en las cisternas.

Fuente: La Voz de Asturias

Los presos tienen imaginación. Y mucha. Cuando se trata de crear pinchos carcelarios no hacen ascos. Les vale todo, desde ventanas, mesas, sillas, material de fontanería, literas metálicas, hasta archivadores metálicos, soportes de estanterías, palos de escoba, fregonas y bicicletas estáticas. Antes lo tenían más fácil. En Villabona funcionaba una fábrica de perchas que distribuía mercancía por toda España.

El material? Los funcionarios se han encontrado de todo: de metal, madera, hueso, cerámica, e incluso de pvc. Materiales que encuentran en la cárcel y que luego "pulen y afilan con los barrotes, piedra o incluso contra el suelo de cemento de los patios". "Muchos son obras de arte con empuñadura en cuero", explican. Para el mango utilizan cualquier tipo de papel encolado o tela que se enrolla en uno de los extremos.

Localizarlos debería ser fácil. Pero las circunstancias de Villabona lo hacen ahora más difícil. Según explican los funcionarios, "la masificación y falta de personal han provocado que los cacheos se realicen de forma aleatoria" y no como obliga el reglamento: cada vez que un interno abandona el módulo. Pero eso no ocurre y lo que se hace es prestar más atención cuando salen del módulo para entrevistas con "médicos, juzgados, profesores, educadores, colaboradores de organizaciones no gubernamentales" y "a los que salen a participar en actos comunes con internos de otros módulos o a comunicaciones con los familiares". No es suficiente. En lo últimos diez días, Villabona registró la tercera pelea cuando cinco presos del módulo 7 se enzarzaron en un reyerta con pinchos. Unos días antes otro recluso del módulo 6 aprovechó un traslado a la enfermería para "secuestrar a un funcionario y apuñalar a otro interno".

Ahora "solamente hay arcos detectores de metales en los accesos al centro y en tres departamentos". Y en los módulos más tranquilos "los internos son los que avisan para preservar su seguridad". Encontrarlos tampoco es fácil. Según explican los trabajadores, los esconden en las almohadas, en los colchones ("hacen un agujero en un lateral"), en las ventanas, entre la ropa, en el radiador, en los bordes de la cama... También los guardan en los baños, lavabos, cisternas, duchas y papeleras. Si los encuentran, "prácticamente es imposible saber a quién pertenece".

Desde Acaip aseguran que este tipo de altercados son consecuencia de la ""situación insostenible" por la que está pasando el centro desde hace años. Tiempo desde el que llevan alertando del aumento de la conflictividad en Villabona. Para el sindicato, los motivos no son otros que "la masificación, las carencias de personal y la nefasta gestión de la dirección que permanece impasible demostrando una falta de responsabilidad al permitir que dos funcionarios se hagan cargo de más de 160 internos, poniendo en riesgo la integridad de los reclusos y de los trabajadores". Y añaden que la dirección "prefiere esconderse tras la engañosa publicidad de los módulos terapéuticos".

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