ENFOQUE
OPINIÓN
3
S
iguiendo la línea existente entre
el Sindicato y su compañía asegu-
radora, se ha procedido a actuali-
zar y mejorar algunas de las pólizas de
Acaip, sin ningún coste añadido para los
afiliados. En esta misma línea de actua-
ción se está estudiando la posibilidad de
ofertar seguros particulares de forma es-
pecífica a los afiliados a Acaip.
Póliza de Enfermedad Común y
Accidente No Laboral
Se ha aumentado el total de días anua-
les que estaban cubiertos por la póliza,
pasando de cubrirse 20 días anuales
a los 30 actuales, con un máximo de
20 días por siniestro
. Por su parte, las
cantidades que se abonan a los com-
pañer@s siguen siendo las mismas: 26
euros los tres primeros días de ausen-
cia Y 15 euros en los siguientes hasta el
máximo de 20 por siniestro. Os recor-
damos que se cubren tanto las bajas
médicas como las ausencias, siempre
que se produzca descuento en nómina
al amparo de lo establecido en el Real
Decreto Ley 20/2012.
Póliza de Suspensión
de Empleo y Sueldo
Se ha procedido a delimitar con mayor
claridad las exclusiones de la póliza. De
esta forma, se encuentran excluidas las
siguientes actuaciones:
1. Las sanciones puestas por el incumpli-
miento de las normas sobre incompati-
bilidades.
2. Las sanciones originadas por hechos en
los que el asegurado se encuentre bajo
los efectos de cualquier tipo de drogas o
bebidas alcohólicas, en virtud de senten-
cia firme.
3. Aquellas generadas por peleas, agresio-
nes e insultos entre empleados públicos.
4. Las impuestas por inasistencia al traba-
jo, el incumplimiento injustificado de la
jornada de trabajo y las acciones u omi-
siones dirigidas a evadir los sistemas de
control horarios o impedir que sean de-
tectados los incumplimientos injustifica-
dos de la jornada de trabajo.
5. Las faltas muy graves de desobediencia y
reiterada a las órdenes o instrucciones de
un superior, al amparo del artículo 95.1 I)
del EBEP. (La desobediencia abierta a las
órdenes o instrucciones de un superior,
salvo que constituyan infracción mani-
fiesta del Ordenamiento jurídico.
6. El abandono del servicio.
7. La introducción y/o entrega indebida a
los internos de objetos prohibidos en re-
cintos penitenciarios.
8.
El incumplimiento del deber de atender
los servicios esenciales en caso de huelga.
9. Las acciones que supongan la comisión
de un delito o falta penal en virtud de
sentencia firme.
Acaip y Mapfre mejoran las pólizas de
seguros del Sindicato
Número 1
febero 2016
Penitenciaria, constituye la patología de
base de determinado malestar en prisio-
nes. Una situación histórico-política que
consideramos mala y que hay que cam-
biar.
¿Qué papel ha representado Ángel Yuste
para la Institución en estos años, sino a
Sísifo regresando a su roca, al viejo orden
ya exprimido, símbolo del ancien régime?
Una roca que ha golpeado los derechos del
colectivo de trabajadores, provocándole
heridas que todavía esperan recibir los
puntos de sutura necesarios. Ángel Yus-
te, con su transparente plumaje críptico,
al igual que ya hiciera anteriormente con
lúgubre monocromía, ha vuelto a colorear
de gris el espacio penitenciario, con pers-
pectiva de cenobita en sombras, trasno-
chado. Ha perseverado en su ser. Podría-
mos decir, que la pasividad en sí misma
es el factor estructurante de su “labor”, su
siempre reincidente patrón de comporta-
miento, su abrumadora presencia mono-
lítica, su estéril visión tolemaica y triste de
las cosas. Forma parte de esa categoría de
homo religiosus que lleva a la práctica las
palabras de SanMateo: “Porque al que tie-
ne, le será dado y tendrá más; y al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado”.
Persona conocida por su gran docilidad
muscular ante la iglesia triunfante que le
gobierna, se ha dedicado a labores de sim-
ple mantenimiento, casi ornamentales,
utilizando como férula de castigo a la Ins-
pección en su peor forma, y de nuevo se
ha inhibido totalmente de la cuestión pe-
nitenciaria: violencia disciplinaria y nego-
ciación de la pasividad a cambio del man-
tenimiento del orden y de la servidumbre
por él debida. Ante la clásica distinción
entre auctoritas (capacidadmoral, respeto
y reconocimiento social) y potestas (capa-
cidad legal, jerarquía y coerción para im-
poner castigos o premiar), está desposeído
de la primera virtud y es un desacertado
usufructuario del segundo atributo, lo que
ha marcado su falta de liderazgo. Ha con-
decorado a su equipo directivo (a los Sub-
directores Generales con medallas -ob-
sérvese bien-al “mérito penitenciario” por
servicios que revisten una extraordinaria
relevancia); y, sin embargo, ha multiplica-
do el número de expedientes disciplina-
rios a los trabajadores. Tomando presta-
das las palabras de Rubert de Ventós: “El
oportunismo de quienes alcanzan el po-
der y, conscientes de que no pueden estar
a la altura de esta Idea encarnada que es
el Estado, se limitanmás modestamente a
beneficiarse de sus prebendas.”
Inopinadamente desenterrado para la
política penitenciaria, este absentista, ha
llevado a cabo la arqueología de lo que
tristemente fue su gestión pretérita, que
es la que ya no debiera ser, si alguna vez
tuvo sentido que fuese. Y se ha dedicado a
embalsamar, a petrificar cualquier atisbo
de cambio en el que el trabajador pudie-
ra reconocerse. Este agarrarse con uñas
y dientes a la inmovilidad es un terrible
lastre que a los demás nos toca llevar: el
tiempo perdido por una Administración
que es causa absoluta de frustración para
muchos. Nos ha encaminado a una vía
muerta para mayor disfrute de la reata de
sinecuras, oficiantes de intereses espurios
contrarios a nuestra Institución.
Él mismo, al que le fue encomendada una
labor de sujeción de la entidad peniten-
ciaria, se objetivó como termostato de la
función pública -cada cambio se com-
pensaba con un regreso a la temperatura
prestablecida en un movimiento mecáni-
camente irreflexivo-. Y no más ha hecho…
Filisteo muy alejado del pensamiento de
Weber: “Preocuparse de lo que realmente
corresponde al político, el futuro y la res-
ponsabilidad frente a él”.
Prima facie, “la segunda venida” del impe-
nitente, presentaba la verosimilitud de la
descomposición orgánica de un cuerpo:
olía. Por lo demás, no podemos decir que
el decurso de esta etapa, época numinosa
y monacal, nos haya pillado por sorpre-
sa, ya que en realidad ha ocurrido lo que
nos temíamos que ocurriese (experientia
docet): regresión de derechos y oportuni-
dades perdidas que pudieron haber sido
empleadas para mejorar el sistema peni-
tenciario. Desde el principio, nuestra in-
tuición nos indicaba que el advenimiento
lo hacía bajo el signo de los versos de Ro-
bert Burns: “Y si miro adelante a oscuras
sigo / porque miedo me da cuanto adivi-
no”. Fue comenzar y caer en una catatonia,
en un impulso descendente, todo uno.
Años de marasmo y de autodeslegitima-
ción que redundan en el desconcierto de
la comunidad penitenciaria. Este nombra-
miento ha sido la constatación de que esta
Institución no forma parte de las cuestio-
nes que interesan a este gobierno.
La frase más repetida por los delegados
sindicales a los trabajadores de prisiones,
cuando eran interpelados por estos sobre
algún avance o cambio en la Institución,
podríahaber sido: Quenada se sabe (quod
nihil scitur, todo un lema para su escudo).
Hace mucho tiempo que andamos a tien-
tas por las veredas tortuosas de la política
penitenciaria. Yuste ha tomado al pie de
la letra el aforismo: la meta es el origen, es
decir, cuatro años raquíticos que nos han
llevado al extremo enflaquecimiento, sin
condición demejora. La cosa está clara: la
cotizaciónde la experiencia ha bajado, y la
cotización de la razón ha caído en picado.
Por lo demás, los trabajadores siguen bajo
el síndrome de abandono, esperando salir
de esta larga pesadilla, de esta intensa ex-
periencia de estancamiento y de repulsa.
Lo más triste es la incapacidad de perspi-
cacia y la ausencia de proyecto o de ideas
para la Institución. Lo más lamentable es
que el desarrollo de la función peniten-
ciaria esté colapsada, voluntariamente
aletargada para menoscabo del bien pú-
blico. En fin, parece que no son pocos los
que viven afectados, día a día, por cierta
parasitosis aprensiva de carácter gene-
ral. ¡Todo sea por el anhelo de Dios ante
el que sucumben los funestos políticos
teocéntricos en su atmósfera delirante!
Necesitamos, perentoriamente, un cam-
bio de escenario, salir de los espacios de
simulacro en los que ha navegado a la de-
riva el actual equipo directivo, y dejar atrás
la pereza de la razón que lo ha caracteriza-
do. También necesitamos tomar concien-
cia de que nosotros, como profesionales,
debemos determinar los valores consubs-
tanciales a la Institución Penitenciaria:
hacer nuestra propia cartografía. Espe-
remos que los tiempos que han de venir
sean más propicios y que no representen
ni otra caída, ni otra postración. ¡Nuestra
Indignación también es Santa, señores del
Monasterio del Interior!
Y ahora, otra vez la incertidumbre de la
política penitenciaria: ¿Qué nuevo tipo de
roca gravitará sobre nuestras cabezas?
¡Tschüss, Mr. Moleman!
Quod nihil scitur
(Que nada se sabe)
VIENE DE LA PRIMERA PÁGINA
Ángel Yuste ha vuelto
a colorear de gris el
espacio penitenciario