SALVADOR BERDÚN
E
n la actualidad el debate sobre la
radicalización de miles de jóvenes
musulmanes en Occidente para
combatir en el extranjero y la preocupa-
ción sobre la importancia de internet y
las redes sociales como medio de cap-
tación y difusión del mensaje yihadista
está plenamente vigente. Efectivamente,
los yihadistas han encontrado en herra-
mientas como Facebook, twitter, youtu-
be o los diversos sistemas de mensajería
instantánea poderosas armas para sus
fines. Se han convertido en expertos en
el uso de las redes sociales y se aprove-
chan de la encriptación de sistemas de
mensajería como WhatsApp para llevar
a cabo sus comunicaciones. El encrip-
tado de la aplicación hace muy difícil y
extremadamente complicadas las inves-
tigaciones de la policía y los servicios de
inteligencia. Servicios como WhatsApp,
Snapchat y Telegram utilizan mensajes
encriptados Por su parte youtube, Face-
book o twitter han demostrado ser po-
derosísimos medios de transmisión del
mensaje de los terroristas, bien con ví-
deos cada vezmejor elaborados (el Esta-
do Islámico ha demostrado en esto una
gran habilidad) que consiguen atraer a
numerosos jóvenes a la causa yihadista
e impactar por igual a buena parte de la
poblaciónmundial, bien a través de per-
files de Facebook o de twitter en los que
se cuentan las hazañas de los muyahidi-
nes en escenarios calientes como Siria,
Iraq o Libia.
Frente a la realidad del reclutamien-
to en redes sociales e internet, un aná-
lisis de los últimos atentados produ-
cidos en territorio europeo (sin contar
los atentados del 13 de Noviembre de
2015 de París que todavía requieren de
un análisis exhaustivo propio antes de
sacar conclusiones definitivas) desvela,
sin embargo, que en una muy buena
parte de los casos, la prisión había sido
uno de los escenarios claves en los que
se había producido la radicalización y
la yihadización inicial de los terroristas
o había constituido un lugar en el que
hacer contactos de cara a la ejecución
de los ataques.
En concreto de los nueve ataques
con víctimas, sufridos en suelo europeo
entre el año 2004 y el año 2015, se pue-
de comprobar como algunos de los más
letales habían tenido como ejecutores a
personas que o habían abrazado la cau-
sa yihadista en prisión o habían profun-
dizado en esa ideología en su paso por
la prisión. Sin fijarnos en el más alejado
en el tiempo (los atentados del 11 de
Marzo de 2004 en Madrid) desde el año
2012 hasta la actualidad se han pro-
ducido seis ataques yihadistas en Bur-
gas (Bulgaria), Toulouse y Montauban
(Francia), Londres, Bruselas, París y
Copenhague. En cuatro de ellos sus au-
tores se habían radicalizado en prisión:
En el caso de Toulouse y Montau-
ban, su autor, Mohamed Merah se ini-
ció en un proceso de radicalización
islamista que se afianzó notablemente
durante su paso por prisión. Al parecer,
en aquella época Merah solía leer asi-
duamente el Corán, compartiendo su
tiempo privado de libertad con otros
internos de religión musulmana. Tras
su salida de la cárcel, el joven francés
comenzó a entrar en contacto con ele-
mentos islamistas radicales situados en
territorio francés, en los que también
se encontraba integrado su hermano
Abdelkader. Según ha señalado el an-
terior Ministro del Interior galo, Clau-
de Guéant, la radicalización de Merah
se produjo en el seno de un grupo de
ideología salafista. La prisión fue así el
primer contacto de Merah con la ideo-
logía yihadista.
Los ataques al Museo Judío de Bru-
selas de 2014 se perpetraron por Mehdi
Nemmouche, un retornado de la gue-
rra de Siria, donde combatió en 2013
tras haberse radicalizado en la cárcel
en Francia: fue condenado siete veces
y encarcelado en cinco ocasiones, du-
rante un total de siete años, por robos y
otros delitos comunes.
Los ataques de París de 2015 fueron
ejecutados por los hermanos Cherif y
Said Kouachi y Amedy Coulibaly. En
este caso la prisión es nuevamente un
escenario de reclutamiento y estable-
cimiento de contactos internacionales
que a la postre desembocarían en la
ejecución de los atentados más gra-
ves de esta década. Cherif Kouachi y
Amedy Koulibaly (Ahmed como lo lla-
mó el portavoz de Al Qaeda en la Penín-
sula Arábiga) coincidieron en la prisión
de Fleury-Mérogis. Sin embargo koua-
chy y Coulibaly se habíanmovido en los
mismos círculos desde hacía 10 años al
haber formado parte de la misma célu-
la de Buttes Chaumont. Hasta su ingre-
so en prisión, ambos no dejaban de ser
miembros de una célula que funciona-
ba a un nivel que la policía calificaba
de amateur o de poco sofisticado. Sin
embargo la estancia en Fleury-Mérogis
permitió acelerar el proceso de radi-
calización y crear las condiciones para
que unos jóvenes musulmanes que se
habían acercado a los niveles básicos
del yihadismo pudieran pasar a un ni-
vel superior de radicalización y forma-
ción. Aquí conocen a Djamel Beghal,
un francoargelino que se convertiría
en el mentor de ambos. En la prisión
Cherif alcanzaría un nivel superior en
su educación en el yihadismo militan-
te. La habilidad de Beghal para atraer
adeptos estaba demostrada y además
tenía contactos con personajes tan des-
tacados como Abu Qatada y su segundo
AbuWalid. Beghal llegó además a viajar
a Afganistán y a estar muy cerca del nú-
cleo central de Al Qaeda.
Finalmente, los ataques en Copen-
hague de 2015 fueron perpetrados por
Omar El Hussein cuyo paso por prisión
también supuso un giro en su vida. Se-
gún el diario Berlingske, fue ahí donde
anunció por primera vez que quería ir a
combatir a Siria y en donde afianzó su
acercamiento al radicalismo.
EL PROCESO DE RADICALIZACIÓN
EN LAS PRISIONES.
Este breve recordatorio de los últimos
ataques yihadistas sufridos en Europa
en cuatro años debería ser suficiente
para tomar conciencia de que la prisión
es un frente que aun no siendo el prin-
cipal espacio de radicalización y reclu-
tamiento yihadistas, debe ser objeto de
vigilancia permanente. No se trata de
extraer conclusiones simplistas, pero
sus autores salvo en un caso no eran
retornados de Siria o Libia, sino delin-
cuentes comunes radicalizados en pri-
sión y que no habían llegado a salir al
extranjero.
En todos estos años desde los que se
empezó a tomar conciencia del proble-
ma de la radicalización en las prisiones
se han escritonumerosos trabajos sobre
el tema intentando elaborar manuales
de prevención y encontrar pautas de
comportamiento que permita adop-
tar políticas preventivas. La realidad
es que a día de hoy podemos hablar
con contundencia de la imposibilidad
de establecer pautas o protocolos ge-
nerales. Se han intentado sistematizar
los indicios externos de radicalización,
se ha intentado prohibir la circulación
de material radical, se han elaborado
manuales, pero la verdad es que tra-
tándose todas ellas de herramientas
necesarias, todavía resulta imposible
establecer de forma categórica el modo
en el que se producen estos procesos en
las prisiones. En contra de lo que pudie-
ra parecer, el proceso de radicalización
y reclutamiento no requiere de grandes
medios. En internet es fácil encontrar
manuales destinados a reclutadores. El
mejor ejemplo de todos se denomina
Un Curso en el arte del reclutamiento
de Abu Amr Al Qaidi, el cual se califica
como un programa gradual y práctico
de reclutamiento a través de la dawa
individual. Se trata por lo tanto de una
actividad de predicación que se realiza
gradualmente y preferentemente sobre
un individuo o un grupo muy reducido
de personas con el fin de asegurar los
resultados, lo que facilita su desarrollo
sin atraer la atención.
●
Salvador Berdún
es Investigador
en violencia y radicalización islá-
mica por la UGR.
ENFOQUE
La vigencia de las
prisiones como
espacio de radicalización
y reclutamiento
La radicalización en Europa y los ataques en Europa
¿una percepción equivocada?
La mitad de los
atentados desde el
año 2008 contaron
con terroristas
radicalizados durante
su estancia en prisión
Número 1 febrero 2016
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