ENFOQUE
CATALUÑA
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E
ste octubre cumpliré tres déca-
das como profesional del ám-
bito penitenciario y, más allá de
ganarme la vida como cualquier
trabajador, puedo decir que siento un enor-
me agradecimientopor haber podido apro-
vechar esta oportunidad: siempre me ha
fascinado la naturaleza humana y una pri-
sión es, desde cierta perspectiva, un labora-
torio social privilegiado incluso en materia
de relaciones laborales. Me explico.
En 1971 el psicólogo Philip Zimbardo,
catedrático de psicología en la Universidad
de Stanford, seleccionó a una veintena de
jóvenes, y les adjudicó aleatoriamente el
papel de preso o guardia. Durante 5 días,
en un recinto de dicha universidad espe-
cialmente acondicionado, tuvo lugar uno
de los experimentosmás salvajes y alejados
de la ética de los que se guardememoria en
el campo de la psicología aplicada. Hoy, la
comunidad científica no da cabida a este
tipo de ensayos. La iniciativa de Zimbar-
do contó con los dos elementos esenciales
de una investigación social: una situación
de observación de nuestros semejantes
en condiciones privilegiadas y una mente
profundamente desadaptada, la del inves-
tigador, siempre preguntándose el por qué
de lo que ve en lugar de zambullirse en el
carpe diem.
Lo primero que podría decir, para aque-
llos que son ajenos al medio, es que nuestra
realidad carcelaria —nuestra Stanford—
tiene poca relación con la ficción que se
puso enmarcha en 1971. Incluso una parte
de la propia realidad carcelaria de EEUU
está más cerca de Orange is the new black
que del salvaje experimento de Zimbardo.
El cine clásico americano da buena cuen-
ta de cómo nuestros modernos equipos de
tratamiento ya funcionaban en las cárceles
yanquis a mediados del siglo pasado. El es-
tadode lacuestión(HubertCornfield, 1962)
o Prisionera de su pasado (John Cromwell,
1951) pueden atestiguarlo. Si lo traigo aquí
a colación, es para señalar que uno de los
mayores hitos en la historia de la Psicolo-
gía Social pretendió emular nuestro hábitat
laboral y no hay más que echar un vistazo
a la web, para comprobar que Zimbardo
lleva 40 años extrayendo lecciones de algo
que duró cuatro días. No es de recibo que
nosotros tengamos ante las narices un ob-
servatorio similar y no seamos capaces de
detectar, y llegado el caso neutralizar, deter-
minadas dinámicas perversas que perjudi-
can a los trabajadores penitenciarios.
Qué es el medio penitenciario
Visto desde fuera, el sector penitenciario
forma parte de la Administración pública; la
buena marcha de las prisiones es un servi-
cio públicomás que se inscribe dentro de la
administración de justicia, en el apartado de
ejecuciónde las penas. Si sepuededecir que
los colegios producen la educación de los
niños, las prisiones producen la ejecución
de las penas privativas de libertad y la rein-
serción de los que han sido condenados. Su
particularidad: por una parte, el desarrollo
de esta actividad no tiene lugar a la vista de
los ciudadanos; por otra, está regulada hasta
extremos de detalle tales como la cantidad
de proteínas que debe consumir diariamen-
te el preso.
Visto desde dentro, en una prisión existe
una seriede gruposmuy diferenciados entre
sí y a la vez de composición muy heterogé-
nea, obligados a coexistir en un mismo es-
pacio, cada unode ellos con sus propiasme-
tas y a la caza de unos recursos escasos por
los que a menudo deben competir. Grosso
modo, diferenciamos a los miembros del
equipodirectivo, losmandos intermedios, el
personal de interior y los presos. Dentro de
cada grupo existen abundantes subgrupos.
Entre los presos se puede establecer innu-
merables distinciones teniendo en cuenta
su comportamiento, actividad productiva,
tipo de delito, religión, hábitos de vida, etc.
A los miembros del grupo directivo, además
de subdividirlos según las categorías típi-
cas que se manejan en RRHH de cualquier
ámbito —democrático, autoritario, psicó-
pata, burócrata, carismático, etc. — hemos
de añadir que en nuestro sector existen dos
subáreas, la de tratamiento y la de régimen,
los dos pilares fundamentales de la función
penitenciaria. En cuanto al personal de in-
terior, no solo encontramos entre ellos a los
responsables de vigilancia, sino a trabaja-
dores del área de tratamiento, sanitarios y a
todos aquellos que pasan buena parte de su
jornada laboral entre los presos.
El párrafo anterior ya nos pone en la
pista de lo complejo de la interacción entre
grupos dentro de los establecimientos pe-
nitenciarios, pero hay que añadir aún tres
particularidades muy notables del medio:
1. La presencia constante de los tres estre-
sores ambientales por excelencia —re-
lacionados con la agresión por medio
de la activaciónfisiológica y el estado de
ánimo negativo que provocan—, es de-
cir, el ruido, el hacinamiento y, en cier-
tas épocas del año, el calor.
2. Algunos de esos grupos no puede aban-
donar Stanford durante semanas, me-
ses o años.
3. El porcentaje de sujetos que puntúa alto
en una escala de conflictividad—desde
la falta de habilidades sociales a la con-
ducta violenta habitual— es muy supe-
rior al de la población civil.
Zimbardo estaba interesado en investi-
gar el fenómeno de la maldad humana. De
aquellos escasos días de Stanford, concluyó
que lo único que puede frenar la deriva de
los humanos hacia la depravación es evitar
el primer paso, de lo contrario la transfor-
mación del sujeto es imperceptiblemente
progresiva e inexorable. En este ensayo, el
interés está centrado en procesos de apro-
piaciónilegítimadelméritoprofesional—fui
marxista— y en la subversión de la filosofía
jurídicopenitenciaria por parte de quienes
buscan la promoción profesional fuera del
cauce. Del aluviónde fenómenos inquietan-
tes que llevo observados, voy a exponer aquí
dos que he conseguido llegar a comprender
con la ayuda de la Psicología Social y a los
que, a falta de otra referencia, he bautizado
como modelo del querido impresentable y
modelo lucharé con todas vuestras fuerzas.
A lo largo de la historia de la ciencia los
modelos se han utilizado para abordar una
realidad simplificada con la intención de
estudiarla con mayor facilidad. Tanto
que-
rido impresentable
como
lucharé con todas
vuestras fuerzas
sonmodelos de interacción
social de grupos que sirven para explicar
cómo se solventa la promoción profesional
en el ámbito penitenciario: en el primero,
por la vía de la apropiación de los logros de
los trabajadores subordinados; en el segun-
do, por la vía de apropiarse de recursos y de
subvertir lafilosofía jurídica en laque se fun-
damenta nuestro sistema de cumplimiento
depenas. Ambosmodelos han sido elabora-
dos a partir del funcionamiento de una pri-
siónenconcreto. Que sepuedan transportar
a otros ámbitos laborales dependerá de que
se cumplan ciertos requisitos:
1. Que los trabajadores sean públicos, pero
la actividad laboral no sea del dominio
público
2. Que el bien o servicio seamuy complejo
y se produzca en equipo
3. Que no existan mecanismos externos
para evaluar los logros
4. Que jefes y subordinados tengan asigna-
dos espacios laborales muy diferencia-
dos
5. Que los trabajadores mantengan un ele-
vado grado de reserva sobre los asuntos
relativos a su profesión
Elmodelodel querido impresentable
Las plantillas penitenciarias están formadas
por gente absolutamente vulgar, corriente y
variopinta. Quizá sea así en otros sectores,
pero en el nuestro deviene crucial pues la
mayor parte de los actores de este circo no
puedemarcharse a su casa si les apetece.
La labor de los funcionarios en los de-
partamentos de una prisión consiste básica-
mente en que—con arreglo a unos horarios
similares a los de la población civil, pero con
las particularidades de estar privados de li-
bertad y ser menos sociables— los reclusos
lleven a cabo actividades diarias de higiene,
alimentación, ocio, estudio, trabajo, depor-
te, cultivo espiritual y relaciones sociales. El
trabajador actúa en todomomento en cum-
plimiento de una meticulosa normatividad
y con la diligencia que se conoce en dere-
cho como «de un buen padre de familia». El
éxito de la jornada es una especie de suma
cero y todo ha ido bien cuando el servicio ha
transcurrido dentro del más estricto aburri-
miento, entendido este como la repetición
pormenorizada de toda una serie de rutinas
diarias.
Por otra parte, todo centro cuenta con
algún trabajador cuyas características son
excepcionales, bien porque su rendimiento
es insuficiente, bien porque su actitud no
es ética. Lo verdaderamente fascinante del
fenómeno carcelario no es el sujeto en sí —
presente en todos los colectivos— sino que
suele ser tratado con bastante deferencia:
es, por así decirlo, nuestro querido impre-
sentable. No resultaría tan pernicioso si no
fuera porque a poco que observemos, com-
probamos que el equipo directivo no le co-
rrige pero se sirve de sus características para
tachar negativamente a toda la plantilla de
trabajadores.
En todos estos años buscando una ex-
plicación, solo la Psicología Social me ha
brindado una queme parezca satisfactoria.
Según la teoría de la identidad social
(1)
, la
pertenencia a un grupo social determinado
forma parte del autoconcepto. El miem-
bro de un grupo —el endogrupo— no solo
tiende a particularizar la percepción de sí
mismo y de los otros miembros, sino que
cree que los logros del propio colectivo
obedecen a las características positivas de
quienes lo conforman. Por ejemplo, el ad-
ministrador, de cuyo endogrupo forman
parte el director y varios subdirectores, ten-
Mi Querido Impresentable:
Treinta años en la Universidad de Stanford
30 AÑOS DE CARRERA
Olga Hernández (Barcelona, 1963)
es personal penitenciario de Cata-
luña desde 1986. Comenzó a pu-
blicar en 1979, en la legendaria re-
vista GRAMA de Santa Coloma de
Gramanet. En la década de 1996-
2006, como empresaria de edicio-
nes, diseñó y editó numerosos pro-
yectos de información municipal
en la provincia de Barcelona. En
2008/2009 colaboró en la sección
de opinión en Cope.es. Bajo el seu-
dónimo de Bernabela Azogue, ha
publicado dos libros que abordan el
mundo carcelario, uno de carácter
divulgativo -Información, Prisión
Modelo... ¿dígame?- y una novela
negra -Prisión Banal. Muerte en
el panóptico- donde presenta a
su detective, Lola Santos. Estudió
Derecho en la UNED, ha cursado el
Máster de Grafoanáisis en la UAB
y es grafoanalista forense y perito
calígrafo por dicha universidad.
Actualmente trabaja en un proyec-
to de Grafología pedagógica des-
tinado a profesores, para detectar
signos de alarma en las escrituras
de los alumnos, en
.
Número 2 junio 2016